Renfe prepara un nuevo Plan de Eficiencia Energética que le permitirá una disminución de sus costes energéticos en 53 M€ y una reducción de sus emisiones de dióxido de carbono de 115.000 t en 2011, cifras exclusivamente ligadas a su actividad como operador de transporte, al margen de las que arroja el cálculo por sustitución modal.
Durante el próximo año, Renfe continuará con la modernización de su flota de trenes y la ampliación de sus servicios, lo que permitirá seguir aumentando la eficiencia de los tráficos, el ahorro de energía y la reducción de emisiones del sistema de transporte en su conjunto por el efecto de sustitución modal, según ha explicado el Director General Económico-Financiero de Renfe, Francisco Celso González.
Las previsiones de Renfe indican, además, que la progresiva mejora de la eficiencia energética de sus trenes permitirá alcanzar en 2020 una reducción de sus emisiones de CO2 por Unidad Transportada (viajero o tonelada) del 57% respecto a 1990, año base de medición del Protocolo de Kioto, para el que la Comunidad Internacional buscará sucesor en la cumbre de Copenhague el próximo mes de diciembre.
Las claves de la eficiencia energética
Alcanzar estas cifras en materia de eficiencia energética ha sido posible gracias a varios factores, entre ellos el descenso de las emisiones de CO2 por Kwh (kilowatio-hora) consumido en el sistema eléctrico peninsular, que se ha reducido un 43% en el periodo 1990-2008. Este descenso se debe al aumento de las energías renovables y a la sustitución de fuentes fósiles como el carbón por otras menos contaminantes como el gas natural.
El 23% de la energía consumida por Renfe durante 2008 procedió de fuentes renovables. La cifra supera el objetivo marcado por la Unión Europea para 2020, de un 20%. El consumo de energía eléctrica permite a Renfe utilizar en parte energías renovables a diferencia de otros modos de transporte, basados exclusivamente en las energías fósiles.
Junto a esto, Renfe trabaja desde hace años para mejorar su eficiencia energética mediante factores como la mejora de la eficiencia mecánica de tracción (un 18% desde 1990), y un aumento del uso de la electricidad frente al diésel en energía de tracción, al pasar de una relación 59%-41% en 1990 a 74%-26% en 2008. Asimismo, está realizando una profunda renovación de sus trenes, más eficientes, que reducen el peso por plaza ofertada, y que incluyen elementos como el freno regenerativo, que permite devolver a la red eléctrica energía generada en la circulación. También está evolucionando hacia una técnica de conducción económica, que aprovecha la inercia de los trenes ligada a la topografía del terreno y que permite una reducción del consumo energético.
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