Seamos prácticos: cuidemos el medio ambiente
Azucena Pascual, dir.Marketing Ágora Solutions
Muchos empresarios y muchas personas estamos preocupadas por la situación del entorno. Algunos, incluso, teníamos ciertas esperanzas puestas en la pasada Cumbre de las Naciones Unidas en Durban (Sudáfrica) sobre el calentamiento global. Sin embargo, varios de los grandes estados siguen sin ser conscientes de la grave situación en la que nos encontramos y quedaron más tareas pendientes que cuestiones resueltas. Así, Estados Unidos, Rusia, Canadá, Japón y otros países siguen sin comprometerse, aduciendo que naciones emergentes como China, India o Brasil no lo hacen. De este modo, el Protocolo de Kioto, el único acuerdo vinculante a nivel mundial para frenar la emisión de gases, sigue siendo casi papel mojado.
El caso es que no logramos frenar el calentamiento de la Tierra y diversos estudios científicos indican que la atmósfera ha alcanzado niveles récord de gases de efecto invernadero, lo que debería de hacer que saltaran todas las alarmas. Además, los científicos nos están advirtiendo que el volumen de hielo en el Ártico ha caído un 60% desde 2002. Casi nada.
¿Qué nos queda si las naciones no cumplen con su deber? Pues asumir nuestra responsabilidad individual; que la sociedad civil asuma el protagonismo en este proceso y que cada uno tomemos todas las medidas a nuestro alcance. En nuestro caso, desde la consultora Ágora Kioto prevemos, por ejemplo, que las auditorías energéticas aumentarán cerca del 20% el año próximo, sobre todo entre las pymes.
La primera causa de este incremento es, curiosamente, la crisis económica: un plan energético personalizado puede conseguir hasta el 30% de ahorro en la factura y una importante reducción del impacto medioambiental. Además, en el caso español, el previsible aumento de la tarifa eléctrica, que puede llegar al 15% el próximo año, está animando a nuestras empresas a llevar a cabo planes de auditoría energética que les permitan reducir los costes derivados de sus procesos productivos. Como es lógico, este es un aspecto más que interesante para las compañías medianas y pequeñas, tan necesitadas de optimizar sus recursos.
Por otro lado, el coste de una auditoria energética es variable, dependiendo de la actividad de la compañía, de la superficie de los edificios objeto de estudio, del tipo de instalaciones, etc. No obstante, la experiencia demuestra que la inversión en sistemas de consumo energético más eficientes queda amortizada, en la mayoría de los casos, en un periodo inferior a un año, de manera que hay un rápido retorno ya sea una multinacional o una pyme. Al mismo tiempo, este tipo de actuaciones posibilitan que estos edificios incrementen su valor en el mercado inmobiliario y contribuye a mejorar sus acciones de Responsabilidad Social Corporativa (RSC).
Mediante la auditoría energética de las empresas es posible averiguar el potencial de ahorro energético de las instalaciones e inmuebles que utilizan, conocer las recomendaciones para minimizar el consumo según la zona o usos clave de los edificios (como zonas comunes, calefacción, ventilación y climatización, cafetería, aparcamiento, etc.) y saber cuáles son las soluciones técnicas más eficientes para conseguir otras mejoras que reduzcan costes y el impacto sobre el entorno.
El primer paso para llevar a cabo la auditoría energética es efectuar una toma de datos, una especie de inventario con el que se realiza una medición de los distintos gastos de energía (luz, aire acondicionado, calefacción, agua, gas, etc.); también se analizan las pautas de consumo y los equipos que hacen uso de ella. Una vez efectuado el desglose de los consumos de las diferentes áreas, se elabora un informe con las deficiencias detectadas y las medidas que sería necesario poner en práctica para fomentar la eficiencia y el ahorro energético en la actividad de la empresa. En el informe se detalla además la inversión que requeriría la puesta en marcha de cada medida de ahorro y su amortización en el tiempo.
Las áreas en las que las compañías pueden conseguir un mayor ahorro dependerán de la modalidad o tipo de instalaciones que empleen, si bien los aspectos en los que más se puede conseguir un recorte significativo del gasto son los consumos eléctricos, la iluminación y los sistemas de refrigeración y climatización.
En cuanto al consumo eléctrico, es recomendable que los edificios dispongan de sistemas de control que permitan ajustar el consumo eléctrico a la ocupación real de los inmuebles, evitando consumos innecesarios o desorbitados. Hay que optar además por equipos electrónicos y/o eléctricos que aseguren la mayor eficiencia energética posible.
Sobre la iluminación, se debe sacar el máximo partido a la luz natural que permitan el diseño y la orientación del edificio. Es conveniente optar por el uso de lámparas de alta eficiencia como las LED, por su alto poder lumínico, menor consumo y mayor vida útil. También es muy recomendable el empleo de detectores de presencia que regulen la iluminación en zonas comunes o de paso donde no siempre es necesario tener las luces continuamente encendidas.
El aire acondicionado también es un elemento importante de cara al consumo. Se debe optar por la utilización de ventiladores y bombas con regulación de velocidad variable, que consumen menos energía eléctrica que los de velocidad constante, así como verificar pérdidas de aire en los conductos del edificio y el ajuste de capacidades y consumos de los ventiladores. La temperatura constante nunca debería descender de los 26º en verano.
Por último, de cara a una óptima climatización, se debe procurar que el edificio cuente con un adecuado aislamiento térmico que permita un aprovechamiento eficaz de la ganancia de calor por radiación solar directa a través de las ventanas o de los sistemas de calefacción, evitando fugas. La temperatura en invierno no debería ser superior a los 21º, según las recomendaciones del Ministerio de Industria.
Son sólo algunas pinceladas de cómo reducir el impacto de nuestra actividad sobre el entorno y de cuidar el medio ambiente, a la vez que mejorar la cuenta de resultados. Ya sea por Responsabilidad Social o por ser prácticos, no queda otra que convertirnos en empresas concienciadas.
Se trata de un reto que incumbe no sólo a las multinacionales españolas; afecta a todas nuestras compañías, por pequeñas que sean. Tienen que acometer el ahorro energético para ser más competitivas. Las empresas, grandes, medianas o pequeñas que no hayan iniciado ese camino van a sufrir un importante incremento de costes.
Por eso, como decía, desde Ágora Kioto estamos comprobando cómo el ahorro y la eficiencia energética se han convertido en prioridades empresariales. Cada vez está aumentando el número de auditorías que realizamos para ayudar a las compañías a crecer de modo sostenible, contribuyendo al ahorro energético y a la disminución de gases contaminantes, mejorando los procesos, garantizando el cumplimiento de los requisitos legales, colaborando a que establezcan una política de responsabilidad medioambiental, etc.
Ahora sólo falta que asuman el mismo compromiso también los países más contaminantes, porque estamos a empezando a acercarnos a un punto sin retorno.
Azucena Pascual es directora de Marketing del grupo Ágora Solutions