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Producción Energía por Biogás 2 de Julio de 2012

La moratoria sobre renovables, oportunidad para el necesario desarrollo de la biomasa

Francisco J.de Miguel, presidente del Clúster empresarial Biomasa & Energía

El sector de las renovables está en un "limbo" tras la publicación del Real Decreto Ley 1/2012 que, cual hachazo indiscriminado, ha paralizado todos los proyectos que encuentran, de la noche a la mañana, un vacío legal que impide hacer previsiones. El sector se ha frenado y la incertidumbre es total. Parece que todos estábamos de acuerdo en que la situación era insostenible y muy ventajosa para los proyectos fotovoltaicos y eólicos, razón por la cual se superaron ampliamente los objetivos marcados, aunque poco atractiva para las complejas actuaciones en biomasa. La biomasa, hay que recordarlo, no alcanzó los objetivos esperados. Y, sin embargo, le ha tocado sufrir los desmanes de sus compañeras. Esta situación no es buena ni justa para nadie.

Creación de empleo

No se ha tenido en cuenta que la biomasa con fines energéticos supone creación de empleo estable en proporción de uno a 9,5 sobre la eólica y fotovoltaica, lo cual debería ser razón de peso suficiente para que la moratoria no le hubiera afectado. En cualquier caso, y ya que el parón y daño generado es inevitable, aprovechemos la oportunidad para que la anunciada legislación sobre el desarrollo de la biomasa reciba la atención que se merece como motor de creación de empleo rural estable, ahora que tanta falta hace.

¿Más argumentos? Hagamos cálculos sobre la aportación que su desarrollo puede hacer en la prevención de incendios forestales. Un bosque limpio y bien gestionado es una fuente de riqueza. Uno abandonado, como se encuentra la mayoría, es fuente de riesgos y no aporta riqueza ni valor social. Esto lo saben muy bien los ingenieros forestales, que no dejan de clamar en todos los foros que es necesaria una política de inversión en los bosques, que tanta mano de obra requieren y que nos devuelven multiplicada la inversión realizada en ellos.

El ejemplo de Europa

Los bosques, los cultivos energéticos y la biomasa en general sufren las consecuencias de una serie de 'políticas miopes' que no ven más allá de un horizonte cortoplacista. Deberíamos compararnos con otros países europeos que, desde hace décadas, impulsan la biomasa para generar electricidad y como combustible para millones de hogares, que contribuyen así a mantener sus bosques limpios, bien gestionados, y a generar empleo.

Hay varios ejemplos. Uno de ellos Austria, cuyo plan nacional contempla destinar un 7% de su superficie a cultivos energéticos e implantar medio millón de calderas de pellets en los fríos hogares austríacos. Otros son Alemania, Dinamarca o Suecia. En suma, y con 28.000 calderas de biomasa instaladas en España, nos llevan muchos años de ventaja que, ahora, deberíamos acortar con una decisión política clara que incentive los cultivos y el aprovechamiento de la biomasa con fines energéticos.

No podemos ignorar la realidad. España tiene una dependencia y coste energético muy superiores al resto de los países europeos y necesita crear empleo mediante actividades rentables. El desarrollo de la biomasa energética es muy tímido, a pesar de contar con una superficie de bosques que nos sitúa comon el tercer país de Europa por su extensión. Contamos con una industria agroalimentaria que genera millones de toneladas de residuos susceptibles de valorar energéticamente. Además, esta industria y los cultivos en invernaderos demandan energía térmica que puede proporcionarle la biomasa residual que ahora despreciamos.

Hagamos las cuentas

El sector no quiere subvenciones. Quiere un trato coherente que considere el valor añadido que supone su desarrollo, su aportación al mantenimiento de los bosques y su contribución a disminuir los riesgos de incendios, y que le permita competir sin las trabas administrativas, que suponen una de las mayores barreras que impiden su desarrollo.

Impulsemos pequeñas centrales de biomasa en los municipios, en vez de más polideportivos y centros de interpretación escasamente utilizados en poblaciones de 200 habitantes. Generemos valor, riqueza, y demostremos que una central de biomasa es sostenibilidad pura, no de laboratorio, que permite hacer más competitivos los procesos agroalimentarios y ganaderos demandantes de energía térmica. Y que hace posibles y rentables cultivos en invernaderos, demostrando que es capaz de proporcionar calor distribuido a residencias, edificios municipales y particulares, como se viene haciendo en miles de hogares europeos.

Hagamos un cálculo de las importaciones de petróleo que podemos evitar con su sustitución por biomasa. Y los miles de puestos de trabajo que podemos quitar de las listas del paro. Sumemos también su contribución al mantenimiento de los bosques y la posibilidad de rentabilizar con cultivos energéticos la gran cantidad de fincas actualmente abandonadas por falta de mano de obra y escasa rentabilidad.

Aprovechar el parón

El sector, con numerosos proyectos en marcha, ha sufrido un parón con la moratoria de principios de año, por lo que las fuertes inversiones de los promotores están en el aire. Los inversionistas no pueden, siquiera, establecer rentabilidades. Pero, la mayoría de los promotores no han paralizado totalmente sus proyectos con la creencia de que la lógica se impondrá. Esperan conocer las nuevas reglas del juego, con la esperanza de que la mención específica a la biomasa que se hace en dicho decreto suponga una oportunidad para desarrollar una de las numerosas fuentes de riqueza que España mantiene sin explotar. No podemos perder, nuevamente, más oportunidades.


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