Horacio González Alemán
La Federación Española de Industrias de Alimentación y Bebidas (Fiab) apuesta por "romper la barrera intelectual" que tradicionalmente ha impedido a la empresa agroalimentaria española abordar procesos de integración para ganar tamaño. En palabras de su director general, Horacio González Alemán, "la Fiab considera positivo el proceso de concentración y quiere fomentarlo" para conseguir un aumento de la productividad del sector. Horacio González ha resumido en tres las vías para crecer: mediante una marca fuerte; renunciando a la marca pero moviendo un gran volumen; y dedicándose a productos nicho. Con la excepción de los productos nicho, para los que el tamaño no es decisivo, las otras vías requieren tamaño para ser abordadas.
La Fiab no postula tanto fusiones y adquisiciones, como potenciar puntos de encuentro para colaborar en proyectos comunes, mediante la constitución de joint-ventures. Esta integración mejoraría el acceso de las compañías a la financiación, los servicios de consultoría o los business angels, mejorando su posición en términos de productividad, de innovación y de acceso a los mercados exteriores. En este sentido, Horacio González Alemán demanda estímulos fiscales a la integración e incentivos a la innovación, que espera se incluyan en la próxima Ley del emprendedor anunciada por el gobierno.
Estas declaraciones se produjeron en la presentación del el estudio "Competitividad y tamaño en la industria de alimentación y bebidas" elaborado por el Servicio de Estudios de Cajamar.
El punto de partida para este proceso de integración y concentración no es malo, "ya que las pymes españolas del sector están por encima de la media de la Unión Europea" en términos de productividad. Según el citado estudio, la productividad media de la pyme alimentaria en la UE fue de 154.300 € por trabajador, frente a los 191.600 en el caso español (datos de 2007). En todo caso, "la productividad crece con la dimensión empresarial", según David Uclés Aguilera, director de estudios socioeconómicos de la Fundación Cajamar. La mejora más importante se produce al abandonar el escalón pyme y superar los 50 empleados, pasándose de 204.940 € por trabajador en las compañías de 10 a 49 empleados, a 271.610 € para el tramo de 50 a 199.
Este mayor tamaño tiene un reflejo muy claro a la hora de abordar la innovación; las empresas más grandes no sólo presentan una mayor probabilidad innovadora, sino que capitalizan los procesos de I+D, que requieren de capital, tiempo y personal cualificado. Las pymes, por contra, innovan básicamente en procesos, incorporando equipos y software que han demostrado ya su eficacia.
Asimismo, el estudio asegura que existe una relación positiva entre tamaño y capacidad de internacionalización, no sólo en términos de exportaciones sino de presencia efectiva en el extranjero. Esta relación se repite en el acesso a la financiación: las empresas de mayor tamaño pueden hacerlo a unos costes más bajos, accediendo además a un mayor abanico de soluciones financieras, desde las tradicionales líneas de crédito comercial y bancario a fórmulas como los créditos sindicados o los mercados de deuda o capital.
El sector alimentario cerró 2011 con una facturación prevista de 80.700 M€, 444.000 empleados y una aportación al PIB del 7,6%. Unos números que contrastan con la sobreatomización del sector, donde operan más de 30.000 empresas, de las que un 96% son pymes y microempresas.
Se trata de una industria muy vinculada a la producción agrícola y ganadera y repartida por toda la geografía española. En alimentación, Andalucía concentra el 20,4% de la facturación sectorial, seguida de Cataluña y Castilla y León. El liderazgo territorial en bebidas corresponde a Cataluña, con una cuota del 12,9% de la producción nacional, con el País Vasco (11,9%) y Castilla y León (10,7%) en las siguientes posiciones.