No todo es achacable a la crisis económica. El sector del envase y embalaje plástico viene mostrando desde hace varios años una serie de debilidades que se han hecho más visibles y agudas en los dos últimos años. La primera es la dependencia de la evolución de precios del petróleo, un factor que siempre había sido amenazante por su tendencia al alza (con el consiguiente recorte de márgenes), pero nunca por vaivenes como el que sufrió el pasado ejercicio, con una oscilación en apenas seis meses desde los 133 $/barril de Brent que llegó a marcar como máximo hasta los 40 $/barril, que dejó seriamente tocadas las cuentas de resultados de la mayor parte de las compañías. El otro elemento importante ha sido la fortísima y ascendente competencia asiática, que ha afectado a una amplia gama de productos (film, bolsas y termoformados los fundamentales) hasta el punto de hacer inviable muchos negocios.
A estos dos factores se ha unido una presión medioambiental al alza y unos activos muy apalancados, lo que ha provocado que el sector sea muy vulnerable a la restricción crediticia que el sector financiero ha llevado a cabo con motivo de la crisis. El packaging plástico se ha visto abocado a un proceso de reestructuración a marchas forzadas que está suponiendo el abandono de negocios considerados no rentables y la búsqueda de valor en campos que se esperan puedan ser un verdadero motor de crecimiento una vez las aguas de la economía vuelvan a su cauce. El objetivo último es que no se vuelva a vivir un año como el pasado, en el que, según Alimarket Envase, la facturación del sector en su conjunto se redujo en un 9,5% , retrocediendo con ello a los niveles de 2007.