El reclamo de la salud y la sostenibilidad

En los últimos años, el sector nacional de aceite de oliva ha afianzado -con el liderazgo de la Interprofesional y diversas acciones empresariales- la tarea de dar a conocer las propiedades saludables del oro líquido, promover su consumo y defender la calidad a nivel mundial. “Un paso importantísimo para mejorar la imagen de este sector en el mundo va a suponer la Propuesta para la excelencia en calidad y transparencia del aceite de oliva español”. Así se señala desde la Interprofesional, en relación a un sistema de autocontrol voluntario que certificará tanto el producto como el proceso y puede contribuir a disipar las dudas sobre un supuesto fraude y prácticas desleales de algunos operadores.

“El aceite de oliva tiene un futuro muy prometedor por tres ventajas fundamentales: la salud, la sostenibilidad que implica y el escaso porcentaje (del 3%) que representa dentro del consumo mundial de aceites y grasas. Existe un consenso en la comunidad científica en relación a la dieta mediterránea como la mejor. El aceite de oliva es su pilar fundamental. Tiene un 77% de ácido oleico, un lípido que ayuda a prevenir enfermedades cardiovasculares. Además, incluye bioactivos, como los polifenoles. Está demostrado que tiene un poder antioxidante semejante al del Ibuprofeno”, en palabras de Rafael Pérez de Toro, director de Calidad de Deoleo.

“La salud es el primer driver del consumo de aceite de oliva fuera de España”, señalaba Susana Toribio, directora general en Latinoamérica del líder marquista mundial de aceite de oliva, en el Congreso Creciendo Juntas de ‘Carbonell’. “En países como Corea me preguntan más, por ejemplo, por el contenido de polifenoles que aquí. Pero Italia se ha puesto la medalla de la calidad. Mientras en España el aceite de oliva (refinado) lidera la categoría de los aceites de oliva y marca los precios, en el mercado exterior, el aceite de oliva virgen extra (aove) es el producto que más se vende”, declaró Soledad Serrano, CEO de la cordobesa Finca Duernas y presidenta de la asociación QV Extra! Internacional.

Esta organización se ha propuesto el hito de incluir, por primera vez, alegaciones nutricionales en el etiquetado del aove. “Nos dirigimos a la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) y hemos comenzado los trabajos para el primer estudio clínico. Esperamos probar que el virgen extra disminuye el colesterol y la tensión arterial. Ya contamos con el comité científico, que está integrado por el CSIC, universidades y organismos de investigación”, explicaba Soledad Serrano.

Un freno para la desertización

Además, el sector puede explotar el reclamo de sostenibilidad ambiental, mantenimiento de la biodiversidad y fijación de la población en las zonas rurales que suponen el aceite de oliva y el olivar, fundamentalmente el cultivo tradicional. “El aceite de oliva es la grasa más sostenible que se puede consumir. Tiene un balance neto positivo en cuanto a CO2. El olivo evita la desertización. Es un árbol muy resistente a las temperaturas altas y a la falta de agua. No necesita suelos muy fértiles. Se adapta a suelos pobres. Además, al ser un cultivo permanente, puede albergar biodiversidad”, señala Rafael Pérez de Toro.

“El declive de las prácticas agrícolas tradicionales está acelerando la degradación del suelo, que compromete significativamente la salud de los olivares. Este deterioro obedece a la erosión y, en menor medida, a la contaminación por metales, antibióticos, microplásticos, etc. Los regímenes de subvenciones deberían promover el uso de cubiertas vegetales y otras técnicas que reduzcan la exposición del suelo desnudo”. Son conclusiones de International Conference on Sustainability in Olive Cultivation (ICSOC).

En este planteamiento se encuadra el proyecto europeo de agritech Soil O-Live, en el que participa Deoleo. “Examina cómo la contaminación y la degradación afectan a los suelos de los olivares y busca cómo frenar la erosión y la pérdida de la fertilidad. Las primeras conclusiones son la necesidad de tener precaución en el uso del cobre como fitosanitario y la confirmación del efecto positivo del biochar (biocarbón) en la fijación del carbono en el suelo”.

“Los olivares tienen un potencial considerable como sumideros de carbono, con tasas de secuestro de hasta 4,5 toneladas de CO2 por hectárea y año. Las soluciones naturales, como el biocarbón y los hidroinfiltradores basados en biocarbón, pueden ayudar a mitigar el estrés hídrico y mejorar los rendimientos, especialmente en los sistemas de secano”, se expuso en ICSOC.

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