"Reforzar la industria láctea es reforzar la autonomía alimentaria de España". Así lo ha puesto de manifiesto Javier Roza, presidente de la Federación Nacional de Industrias Lácteas (Fenil), durante la presentación esta mañana de la "Radiografía de la Industria Láctea: motor nutricional, territorial y económico", un exhaustivo informe elaborado por la patronal que evalúa el impacto integral del sector en el país.
En esta presentación, Roza ha llamado la atención sobre el déficit que surge en nuestro país en la producción de leche, que no alcanza para cubrir el consumo de alimentos lácteos. Este déficit se ha elevado al 35% en 2025, entre las 8.430 Mt de producción de leche y las 12.933 Mt de consumo equivalente, siendo el más alto de la Unión Europea. El desabastecimiento se está reparando con importaciones de productos terminados, sobre todo de quesos, de los que se adquirieron en el exterior 434.844 t, frente a las 131.696 t exportadas. Y la escasez de oferta está provocando también que el precio de la leche en España sea el más alto de Europa, situándose en 45,05 €/100 kg.
De no aumentar la recogida láctea, el déficit podría progresar en 10 años y situarse en un 46%, con un consumo que se espera siga aumentando hasta las 15.570 Mt, y generando una alta dependencia exterior para evitar el desabastecimiento.
En conjunto, el saldo comercial negativo del sector en 2025 asciende a 492.355 t y unos 1.500 M€.
Todo ello contrasta con que, en el conjunto de la Unión Europea, el autoabastecimiento lácteo alcanza aproximadamente el 115%, es decir, hay un superávit del 15%.
Precisamente, Roza observa aquí una buena oportunidad para el mundo rural en nuestro país, para que se vuelque en el potencial que se observa para la explotación ganadera. "El déficit es una buena oportunidad para transformar más leche, sustituir importaciones y capturar valor en España", concluye.
Según los datos aportados en la Radiografía, la industria láctea española alcanzó en 2025 una cifra de negocio estimada de 15.888 M€, tras un crecimiento del 10%, con 1.577 empresas y 30.648 empleos industriales directos. Es la segunda mayor industria alimentaria española. Su actividad tiene además un importante efecto tractor sobre la producción ganadera, la logística, el transporte y las industrias auxiliares.
Su arraigo territorial refuerza esta contribución. La cadena integra a más de 14.800 ganaderos y una amplia red de recogida y transformación. Concretamente, el 55% de los centros lácteos se encuentra en municipios de menos de 5.000 habitantes, donde la actividad industrial contribuye a mantener empleo, inversión y tejido empresarial en el medio rural.
La innovación constituye una de las principales fortalezas de la industria para aprovechar las oportunidades del mercado, según analiza también la Radiografía. Los lanzamientos lácteos representaron el 13% de las innovaciones del gran consumo durante los últimos cuatro años, por encima del peso del sector en el valor del mercado, situado en torno al 10%. Además, alcanzaron una tasa de éxito del 50%, frente al 29% del promedio del gran consumo.
Esta capacidad de creación de valor se manifiesta de forma complementaria en las distintas categorías. La leche líquida mantiene un papel esencial por su penetración, recurrencia y accesibilidad. Junto a la leche clásica, las propuestas sin lactosa, enriquecidas, funcionales o con mayor contenido proteico, así como los batidos y cafés listos para tomar, amplían las ocasiones de consumo. Las categorías de valor añadido representan aproximadamente un tercio del volumen de leches y batidos, pero generan más del 40% de su valor.
Por su parte, el queso, además de representar ya el mayor destino de la leche producida, constituye uno de los principales motores de crecimiento gracias a su diversidad, versatilidad y capacidad de diferenciación. Propuestas como el cottage reflejan nuevas oportunidades relacionadas con la proteína y la conveniencia.
Asimismo, los yogures y leches fermentadas combinan una elevada presencia en los hogares con capacidad de innovación en funcionalidad, digestibilidad y placer, con ejemplos como el kéfir.
Finalmente, para favorecer una cadena competitiva, capaz de generar más valor y reforzar la autonomía alimentaria de España, Fenil propone ocho prioridades:
1. Reforzar la base productiva y el relevo generacional, facilitando la continuidad, modernización y crecimiento de las explotaciones viables y preservando los sistemas de recogida.
2. Reducir las cargas burocráticas y favorecer la actividad rural, mediante simplificación administrativa, mejores condiciones fiscales y apoyo a la inversión.
3. Mejorar el acceso al talento, la vivienda y los servicios, facilitando la incorporación de profesionales a explotaciones e industrias y el mantenimiento de actividad en los territorios rurales.
4. Impulsar la modernización y la competitividad, apoyando la automatización, la digitalización, la eficiencia y el desarrollo de modelos productivos viables y competitivos.
5. Proteger y promover el consumo de alimentos lácteos, especialmente entre los jóvenes, mediante información basada en evidencia científica y propuestas adaptadas a nuevos hábitos.
6. Reforzar la internacionalización, ampliando los instrumentos de apoyo a las exportaciones y la apertura de mercados para los productos lácteos españoles.
7. Favorecer la adquisición de escala empresarial, eliminando los límites a las explotaciones, siempre que cumplan con los requisitos de bienestar animal y medioambientales, e impulsando fórmulas de colaboración e integración que permitan ganar escala, invertir y mejorar la competitividad.
8. Promover un pacto por la innovación con la distribución, que facilite el acceso al mercado y la consolidación de nuevos productos, incentivando la inversión industrial en I+D+i.