El invierno demográfico y los séniors, dos extremos a tener en cuenta

El Observatorio Cetelem lanza el estudio Consumo Europa 2026, en el que analiza los hábitos y tendencias de los consumidores en 10 países: Alemania, Bégica, España, Francia, Italia, Polonia, Portugal, Rumanía, Reino Unido y Suecia. El descenso de la tasa de natalidad, así como el envejecimiento de la población, es una realidad en Europa y un verdadero desafío socioeconómico. En esta edición del Barómetro de Consumo Europeo, el choque demográfico adquiere mayor presencia mediante el análisis de la población senior (+ 60 años): situación personal, económica, visión de la actualidad y hábitos de consumo.

El 91% de los séniors afirman que “se dan un gusto” de vez en cuando, frente al 83% de los menores de 60. Además, el 88% de las personas mayores considera que el confort es importante, no obstante, procuran evitar los gastos superfluos, situándose 11 puntos por encima de los jóvenes en este caso. A pesar de los caprichos ocasionales, la tendencia de consumo para los séniors está clara: a mayor edad, menor gasto. El estudio demuestra que, si miramos el consumo a nivel intergeneracional, el comportamiento es igual en todos los países, adoptando una forma de campana: los menores de 30 y los mayores de 60 son los que menos gastan. En relación con el consumo, los séniors son los que prestan más atención al precio y la calidad de los productos que desean comprar. También son más propensos al consumo sostenible: 1 de cada 3 personas mayores prefieren reparar un producto antes que comprar uno nuevo.

El estado de ánimo general de los europeos, teniendo en cuenta las crisis internacionales y sus efectos sobre el día a día, es buena y se mantiene estable. La nota media europea se sitúa en el 5,2. Suecia y Polonia son los más optimistas, con puntuaciones de 5,9 y 5,8, respectivamente. España se sitúa muy cercana a la media con un 5,3 y los franceses y rumanos son los más pesimistas, con una media de 4,7 en ambos casos. Cuando se pregunta a los encuestados por la situación personal, la tendencia cambia considerablemente. Los europeos consideran más favorable su posición individual que la general; la nota media sube casi un punto, hasta el 6,1. Los más optimistas son los británicos y belgas, con puntuaciones medias de 6,5. España iguala la media y Rumanía se mantiene como el más pesimista (5,7), mientras los franceses alcanzan el 6. Esta mejora en la percepción individual viene ligada al siguiente dato: en los últimos 10 años, la sensación de los europeos de que sus ingresos son inferiores a la media se ha reducido. No obstante, continúan mostrándose cautelosos respecto a su situación financiera: solo una cuarta parte considera que su situación es mejor a la de la mayoría. En este sentido, españoles, rumanos, suecos y franceses se muestran más críticos: en torno al 35% considera que su situación financiera es inferior a la del resto en su país. Por otro lado, alemanes, británicos y polacos se muestran más optimistas, pues más del 30% considera que sus ingresos son superiores a la media.

La inflación se ha estabilizado en torno al 2% anual en el territorio europeo: objetivamente, ya no presenta un problema económico. Sin embargo, su fantasma sigue muy presente en la percepción de los consumidores: el 88% (+2pp) cree que los precios han aumentado. En el caso de Rumanía, la percepción de la población está sintonizada con su realidad económica: la inflación se sitúa en torno al 7% en su caso. No obstante, españoles e italianos destacan por tener la sensación de que los precios han subido considerablemente, a pesar de que la inflación en ambos países esté controlada.  

Casi la mitad de los europeos encuestados (45%) afirma tener intención de aumentar sus gastos en 2026 (+2pp vs. 2025). Las excepciones son Francia, Italia y Rumanía, donde se ha reducido esta intención en 1pp en los dos primeros casos y 3pp en el último. España se encuentra ligeramente por encima de la media, con un 47% de encuestados que planea aumentar el gasto. Es más elevado el número de quienes tienen intención de incrementar su ahorro: así lo ha declarado el 56% (+1pp). Las tasas más altas de intención de ahorro se dan en Polonia, Portugal, Rumanía, Reino Unido y Suecia. No obstante, los datos de los previos años demuestran que las tasas de ahorro real más altas las presentan Alemania, Francia y Suecia.

El 85% de los europeos considera que el envejecimiento de la población es un problema importante o muy importante. La situación demográfica genera diversas preocupaciones, pero el aspecto más relevante, sobre todo para italianos, portugueses, alemanes y rumanos, es el sistema sanitario.
En lo relativo al comercio digital, el estudio demuestra que 15% de las compras en Europa se realizan por internet. En el caso de los mayores, aunque su consumo digital ha aumentado (principalmente en alimentos, ropa, electrodomésticos, muebles y viajes) el 26% no ha comprado nunca por internet. Desciende, además, el porcentaje de encuestados sénior que cree estar hiperconectado a nivel digital, con un 15% (frente al 38% de 2016). La inteligencia artificial se hace un hueco: antes de comprar un bien de equipamiento, un 13% de los mayores de 60 años utiliza la IA para comparar información, subiendo hasta el 19% en mayores de 50. Además, el 71% de los mayores de 60 busca a menudo información en internet con el mismo objetivo, aunque el 79% prefiere acudir a las tiendas físicas para comparar los productos.

Si bien es cierto que este segmento de la población tiene ingresos relativamente altos, su situación no es tan privilegiada como se tiende a pensar. Con la llegada de la edad media de jubilación (65 años), los ingresos disminuyen notablemente, de manera que se sitúan en torno al 80% de la media de ingresos nacional. En algunos países, como Reino Unido, las personas mayores alcanzan incluso tasas de pobreza que superan el 14%. La diferencia, por tanto, la encontramos en el patrimonio total: esta es la principal brecha entre los mayores y los jóvenes en Europa. Destaca el caso de la propiedad inmobiliaria, pues los séniors en la actualidad tienen más viviendas en propiedad que las generaciones anteriores. Además, el 61% de los séniors encuestados afirman haber realizado inversiones al menos una vez, con el objetivo de prepararse financieramente para la vejez. Destacan por encima de la media Bélgica y Reino Unido, con la inversión inmobiliaria como activo principal, es decir, la compra de la vivienda habitual. Dentro de los países encuestados, España se sitúa como el país con menos inversores, con tan solo un 43% de séniors que declaran haber realizado al menos una inversión. Además, el producto financiero más recurrente en este caso son los planes de ahorro para jubilación.

En cuanto al ahorro, el estudio demuestra que, sobre todo en los países mediterráneos (España y Portugal), existe una significativa diferencia entre la capacidad de ahorro de los mayores (41%) frente a los jóvenes (27%). En países como Francia, Polonia o Alemania la tendencia es opuesta: los jóvenes ahorran más. La brecha generacional financiera es una realidad para más de la mitad de los encuestados mayores de 60. Consideran que, desde hace 10 años, el poder adquisitivo ha ido disminuyendo hasta crear una brecha negativa hacia los más jóvenes. Los menores de 30, a pesar de ser los afectados de este fenómeno, se muestran más escépticos ante esta situación. El 80% de los séniors encuestados considera que es muy importante ayudar económicamente a sus descendientes. En este sentido, destacan los países latinos, España, Francia, Italia, Portugal y Rumanía presentan porcentajes iguales o superiores al 84%. Por su parte, en Suecia y Alemania tan solo el 69% y el 66% (respectivamente) considera que se trata de una cuestión importante. En el caso de Alemania, los datos respaldan la opinión: los jóvenes mayores de 30 años ahorran más que los séniors.

El estudio demuestra que tan solo el 68% afirma participar activamente en los gastos de sus descendientes, frente al 80% que tiene la voluntad de hacerlo o lo considera importante. Destaca el caso español: el 89% cree que es importante el apoyo financiero, pero solo el 53% participa económicamente en los gastos de sus hijos o nietos. En lo relativo a las herencias y transmisiones, las personas mayores se muestran cada vez más insatisfechas con los impuestos aplicados. Francia es el país más crítico: el 82% considera que los impuestos de transmisiones y sucesiones son demasiado elevados, seguido de Italia, Rumanía, Portugal y España, donde el porcentaje de encuestados que encuentran excesivos estas tasas se sitúan entre el 75% y el 80%. Ocurre lo contrario en Suecia, donde el tipo impositivo relacionado a las donaciones se eliminó hace más de 20 años, y en Alemania, donde la tasa sí existe, pero no es tan impopular entre sus ciudadanos. Los tipos impositivos más altos están en Bélgica y España, situándose en 3-80% y 7,65-87,65%, respectivamente. España es, por tanto, el país europeo que tasa en mayor medida la transmisión de patrimonio intergeneracional.

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