Moët Hennessy, la división de vinos y espirituosos del conglomerado francés LVMH, presente en nuestro país a través de Moët Hennessy España, centra esfuerzos en la prevención de defectos de la calidad del vino y pone en marcha un proyecto de colaboración con Analog Devices y la Universidad de California para implantar sensores e inteligencia artificial (IA) que permiten reconocer firmas químicas en uvas y vinos. De este modo, puede anticipar riesgos de calidad con más rapidez y a un precio menor que los métodos convencionales.
Uno de los problemas más complejos para la industria del vino es el llamado Fresh Mushroom Aroma (FMA), un defecto asociado a un aroma a seta fresca. Los investigadores del centro Robert-Jean de Vogüé de Moët Hennessy han aglutinado muestras y datos vinculados a ese riesgo de calidad que han servido para entrenar algoritmos de aprendizaje automático capaces de reconocer los patrones químicos asociados al FMA.
La multinacional asegura que el sistema ya ha logrado identificar, en una fase temprana, muestras con un riesgo elevado de desarrollar ese defecto. En la práctica, permite intervenir durante la elaboración, revisar lotes con más antelación y cambiar la forma de vigilar la calidad a lo largo del proceso de vinificación.
En cuanto a la plataforma, desarrollada por Analog Devices, analiza un espectro amplio de información química y utiliza IA para separar las señales con más valor predictivo. El objetivo no es limitarse a buscar un conjunto cerrado de condiciones, sino "aprender de datos químicos complejos" para reconocer patrones que podrían pasar desapercibidos con otros sistemas de control.
Según Manuel Reman, responsable de I+D de Moët Hennessy, supone "un nuevo capítulo" para la viticultura y la elaboración de vino. Así, la tecnología permite detectar e interpretar con rapidez el "lenguaje químico" de las uvas y del vino para anticipar riesgos de calidad antes de que sean visibles, con la intención de producir vinos de mayor calidad y reforzar la capacidad de adaptación del sector.
Asimismo, la detección más temprana de desviaciones químicas ayuda a reducir mermas y desplazar el control de calidad desde la corrección del defecto cuando ya aparece hacia la prevención durante la elaboración. Un cambio que interesa tanto al sector vinícola como a la categoría de bebidas fermentadas en su conjunto.