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“Los nuevos retos comerciales precisan de nuevos vinos españoles”

Rafael del Rey, director general del OeMv

Rafael del Rey es desde 2008 director general del Observatorio Español del Mercado del Vino (OeMv) y, desde 2011, gerente de la Fundación para la Cultura del Vino, después de dirigir, durante cinco años (2003-2008) la Federación Española del Vino.

Alimarket: España es uno de los principales productores de vino del mundo y uno de los primeros exportadores, pero nuestras buenas cifras en volumen no lo son tanto en valor, ¿quizá los vinos españoles no han sabido adaptarse a los gustos internacionales?

Rafael del Rey: Los mercados del vino están cambiando mucho y ello obliga a una gran transformación y adaptación de la oferta. España es uno de los grandes productores y vendedores mundiales de vino, pero las producciones que hace apenas diez años se destinaban mayoritariamente al consumidor nacional ahora en gran medida se exportan. Eso implica que nuestro principal cliente ya no es solo el español, con un mayor o menor conocimiento y proximidad al vino como producto tradicional, sino clientes de todo el mundo, con gustos, grados de conocimiento, momentos de consumo y apreciación del vino muy diferentes. Y, además, también el consumidor español está cambiando.

A.: ¿Cómo ha evolucionado el sector español del vino en los últimos años, en relación al destino de sus producciones?

R.R.: Hace apenas 15 años, España consumía el 40% de lo que producía, destilaba casi el 20%y un 15% se iba en elaboración de mosto y otros usos como el vinagre o el vermut, quedando un 25% disponible para la venta a mercados internacionales. Hoy, más de la mitad del vino que producimos se destina ya a la exportación y el consumo nacional ha quedado reducido a apenas el 20% de lo que producimos. En proporción sobre el total de salidas de nuestros vinos, pues, la destilación y el consumo nacional se han reducido a la mitad y las exportaciones se han duplicado. La internacionalización del vino español ha sido masiva en los últimos años. Un hecho que coincide con la evolución del mercado mundial de vino, donde se observa que cae el consumo en prácticamente todos los países productores tradicionales, mientras sube en otros mercados donde la relación tradicional con esta bebida era escasa.

A.: ¿Y qué implica para las bodegas españolas ese proceso de internacionalización masiva?

R.R.: Cada vez beben más vino quienes más lejos están de su producción. Y eso implica gustos y formas de distribución diferentes. Entre otras cosas, mayor importancia de las cadenas de distribución, mayor competencia mundial con otros productores, más importancia de blancos, rosados y espumosos, más importancia de las variedades de uva como reclamo frente a la zona de producción y un gusto tendente hacia productos algo más afrutados y un poco más dulces.

Esa necesidad de atender a nuevos consumidores ha obligado a un cambio en la mentalidad de los productores, más abierta a innovaciones necesarias, y a la progresiva adaptación de nuestra oferta. De ahí que cada vez veamos más vinos nuevos, algo más atrevidos, que complementan la oferta de vinos tradicionales y extraordinarios españoles. Porque, además, también los gustos y las formas de consumo de los propios consumidores españoles están cambiando hacia aproximaciones más similares a las de otros países. Nuevos productos, dentro de la enorme riqueza del mundo del vino, para nuevos consumidores, tanto fuera como dentro de España, es el reto al que se están enfrentando las bodegas de nuestro país, con un notable grado de éxito.



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