La industria de la construcción se adentra en 2026 en un momento que combina crecimiento con incertidumbre. Las previsiones apuntan a que el sector seguirá avanzando en España, en el entorno del 3,6-4%, pero a un ritmo más moderado que en años anteriores. Este cambio de velocidad llega tras un periodo marcado por fuertes tensiones: el encarecimiento de los materiales, el aumento de los costes financieros y un entorno inversor más prudente. En Europa, además, el sector viene de varios ejercicios de estancamiento e incluso contracción, y encara ahora una recuperación progresiva, pero desigual. Más que ante una crisis, estamos ante un escenario de “nueva normalidad”: crecimiento, sí, pero con mayores exigencias de eficiencia, flexibilidad y control del riesgo.
Un sector resiliente… y cada vez más exigente
La construcción ha demostrado históricamente su capacidad de adaptación. Hoy, además, cuenta con palancas de demanda sólidas: el déficit estructural de vivienda, la rehabilitación energética o la inversión en infraestructuras impulsada por fondos europeos. Sin embargo, este dinamismo convive con desafíos que condicionan su evolución: la falta de mano de obra cualificada, la presión sobre los márgenes, la volatilidad de la demanda privada y una mayor complejidad técnica y regulatoria. En este contexto, la competitividad ya no depende solo de la capacidad de ejecutar más proyectos, sino de hacerlo con mayor eficiencia y menor exposición al riesgo.
El alquiler, de alternativa a palanca estratégica
Es aquí donde la industria auxiliar —y en particular el alquiler de maquinaria— da un salto cualitativo. En Europa, el mercado del alquiler supera ya los 34.000 M€ y mantiene una trayectoria de crecimiento sostenido incluso en entornos económicos adversos. No se trata de una tendencia coyuntural. Responde a un cambio estructural en la forma de operar del sector: cuando la incertidumbre aumenta, las empresas priorizan modelos que les permitan adaptarse sin comprometer su rentabilidad.
El alquiler da respuesta directa a esa necesidad porque convierte costes fijos en variables; reduce la inversión inicial y libera capital; aporta flexibilidad para ajustarse a la demanda; y facilita el acceso a equipos actualizados y más eficientes. De hecho, distintos análisis sectoriales apuntan a que el alquiler tiende a comportarse mejor que la propia construcción en fases de desaceleración, precisamente por su capacidad de absorber volatilidad. El estudio reciente de KPMG para la ERA arroja un crecimiento del sector del alquiler de maquinaria en España del 5,5% en 2026, manteniéndose en 2027.
Un socio estable en un entorno cambiante
Además, el sector del alquiler ha desarrollado una fortaleza diferencial: su menor dependencia del ciclo constructor. Su presencia en ámbitos como la industria, la energía o los servicios le permite mantener niveles de actividad más estables y seguir acompañando a la construcción incluso en fases de menor dinamismo. Esta capacidad de adaptación refuerza su papel como socio estratégico: no solo aporta flexibilidad a las empresas constructoras, sino también estabilidad al ecosistema en su conjunto.
Construir mejor en un ciclo más exigente
La gran transformación, en definitiva, es conceptual. La industria auxiliar ya no es un apoyo puntual, sino una pieza cada vez más integrada en el modelo productivo de la construcción. En un ciclo en el que el crecimiento será más moderado —y previsiblemente más volátil—, la competitividad no vendrá solo de construir más, sino de construir mejor: con mayor eficiencia, más flexibilidad y menor riesgo financiero y operativo.
En ese nuevo equilibrio, el acceso a soluciones de alquiler no es simplemente una opción táctica. Es un elemento estratégico para competir.
Luis Ángel Salas, CEO de Loxam Iberia





