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El mundo es eléctrico y lo será todavía más: ¿está preparada nuestra red?

El mundo es eléctrico y lo será todavía más: ¿está preparada nuestra red?

El mundo es cada vez más eléctrico y todo apunta a que esta tendencia no hará más que acelerarse. La electrificación se está convirtiendo en uno de los grandes ejes de transformación de nuestra economía. La industria, el transporte, los edificios, los centros de datos y, cada vez más, nuestra vida cotidiana depende de una infraestructura eléctrica que tendrá que responder a una demanda creciente y, al mismo tiempo, mucho más compleja.

La reciente decisión del Gobierno de elevar a más de 17.000 M€ la inversión prevista en la red de transporte y distribución hasta 2030 pone de manifiesto la dimensión del reto. Invertir en redes es imprescindible, pero la cuestión ya no es únicamente cuánto invertimos, sino qué red necesitamos para afrontar la electrificación que viene.

Durante décadas, el sistema eléctrico se ha construido alrededor de un modelo unidireccional con grandes centros de generación, redes de transporte y distribución dimensionados acorde a una demanda predecible. Ese escenario ha cambiado. La penetración de las energías renovables, el autoconsumo, la generación distribuida, el vehículo eléctrico y ahora el almacenamiento han generado un escenario descentralizado con flujos de energía bidireccionales y más complejidad para la gestión del sistema.

Esto exige una evolución profunda de nuestras infraestructuras. Necesitamos más capacidad, pero también más inteligencia.

Las redes inteligentes permitirán conocer con mayor precisión qué está ocurriendo en cada punto del sistema, anticipar necesidades, gestionar mejor los recursos disponibles y responder de forma más ágil a los cambios en la demanda. La digitalización de equipos e instalaciones, la sensorización, la automatización y los sistemas avanzados de monitorización serán fundamentales para conseguirlo.

El reto se incrementa con la llegada de los centros de datos, la expansión de la inteligencia artificial y de la computación en la nube. Su demanda puede ser elevada y,
además, presentar patrones diferentes a los de otros consumidores tradicionales. Integrarlos en el sistema requerirá capacidad de red, planificación y soluciones avanzadas de gestión y monitorización.

Algo similar ocurre con la electrificación del transporte. El vehículo eléctrico es una pieza fundamental para avanzar hacia una movilidad más descarbonizada, pero su expansión implica desplegar una infraestructura de recarga suficiente y preparada para gestionar nuevos picos de demanda. No se trata únicamente de instalar más puntos de recarga, sino de integrarlos adecuadamente en el sistema eléctrico.

La industria afronta un proceso paralelo. La descarbonización de una parte de las industrias y la convergencia de las tecnologías de operación con las tecnologías de información están permitiendo avanzar hacia procesos más automatizados, conectados y eficientes. Sensores, sistemas de control, IoT, robótica y gemelos digitales forman ya parte de esta transformación. La electrificación y la digitalización avanzan juntas y están modificando la manera en que entendemos las instalaciones industriales.

También los edificios tendrán que adaptarse. La descarbonización del parque inmobiliario implica incorporar nuevos consumos eléctricos y gestionar la energía de una manera mucho más eficiente. El vehículo eléctrico, las bombas de calor, la generación fotovoltaica, el almacenamiento y los sistemas de gestión energética convertirán progresivamente la instalación eléctrica en una pieza todavía más estratégica del edificio.

Todo ello nos lleva a una conclusión: la red del futuro no puede limitarse a transportar electricidad, debe ser capaz de gestionarla y adaptarse a ella.

Para conseguirlo será necesario combinar inversión en infraestructuras con innovación tecnológica. También será fundamental avanzar en almacenamiento y flexibilidad de la demanda, de manera que podamos gestionar mejor los momentos de mayor consumo y aprovechar los recursos disponibles cuando la generación renovable sea más elevada.

Pero existe otro reto que no podemos dejar en segundo plano: la ciberseguridad. Cuanto más conectadas y digitalizadas estén nuestras infraestructuras, mayor es también su exposición a riesgos digitales. La ciberseguridad debe formar parte del diseño de las nuevas soluciones eléctricas desde el principio y no convertirse en una cuestión añadida posteriormente. Estamos hablando de infraestructuras críticas para el funcionamiento de nuestra economía y de nuestra sociedad.

España tiene una oportunidad importante por delante. Contamos con capacidades industriales, conocimiento tecnológico y una posición relevante en ámbitos como las
energías renovables. El reto es conseguir que estas capacidades se traduzcan en una red capaz de acompañar el ritmo de transformación que estamos viviendo.

La electrificación no va a esperar a que las infraestructuras estén preparadas. La llegada de nuevos centros de datos, la transformación industrial, el vehículo eléctrico, la generación distribuida o el almacenamiento ya están impactando en la configuración del sistema eléctrico. Por eso, la planificación de las redes debe anticiparse a la
demanda y no limitarse a reaccionar ante ella.

Precisamente para abordar estos retos desde una perspectiva industrial y tecnológica, el próximo 28 de octubre, Afme celebrará en Madrid el encuentro «El reto de la electrificación: Tecnología y Crecimiento», que reunirá a representantes del sector para analizar algunos de los grandes desafíos que plantea esta transformación. La capacidad de las redes, la integración de nuevos consumos, la digitalización, el almacenamiento o el impacto del crecimiento de los centros de datos son cuestiones que ya no pertenecen al futuro, sino que forman parte de las decisiones que debemos tomar hoy.

El verdadero desafío es construir las infraestructuras que necesitaremos durante las próximas décadas: más robustas, más digitales, más flexibles y seguras. Porque el futuro será eléctrico. La pregunta no es si llegará, sino si seremos capaces de preparar nuestra red para que pueda sostenerlo.

Luis Lópezbarrena es presidente de la Asociación de Fabricantes de Material Eléctrico (Afme)



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