En el actual tejido empresarial, las pequeñas y medianas empresas nos enfrentamos a un cambio de paradigma: abrazar la sostenibilidad sin devaluar la rentabilidad de negocio. Y esto es un cambio de paradigma.
Por si fuera poco, desde mediados de agosto las empresas debemos estar aplicando el Reglamento (UE) 2025/40 que dice que el envase, además de ser un contenedor físico funcional, debe ser sostenible medioambientalmente y eficiente para cumplir su función logística. Sin olvidarnos por supuesto de que tiene que soportar la estrategia comercial. Optimizar esto puede parecer RSC pero, en realidad, puede marcar la competitividad de las pymes.
Las cifras de la Comisión Europea son impresionantes: la Unión Europea produjo en 2021 más de 80 M t de residuos de envases, cada europeo generó más de 188 kg de residuos de envases y el material más común fue el papel y el cartón, que supuso 34 Mt del total.
Pero no todo es residuo: el reciclaje aumentó un 23 % con respecto a 2010 a todas luces insuficiente para compensar el incremento en la cantidad total de residuos de envases generados. Ante estos datos y las previsiones, la Unión Europea urgía a tomar medidas.
Cambios como el veto a los PFAS en envases en contacto con alimentos, la prohibición de bolsas de plástico de menos de 15 micras o monodosis para la hostelería, el límite máximo del 50% de espacio vacío en los embalajes de transporte y e-commerce, el etiquetado armonizado mediante pictogramas y la adopción obligatoria de criterios de "diseño para el reciclaje" (DfR), que clasificará los envases según su rendimiento de reciclabilidad, obligan a las empresas a evaluar toda su cadena logística, sus productos, sus procesos y sobre todo sus embalajes. Porque esto, obviamente, encarece los costes.
Una cosa importante: Según esta nueva normativa presentada por el Ministerio para la Transición Ecológica se consideran productores los fabricantes, importadores o distribuidores que comercializan por primera vez en el mercado europeo envases de transporte, de servicio o de producción primaria. Es decir, la pyme que compra cajas con su imagen corporativa para enviar sus productos debe inscribirse en el Registro de Productores, adherirse a un sistema de responsabilidad del productor, declarar anualmente los envases puestos en el mercado y emitir una declaración UE de conformidad. Conviene estudiar desde el punto de vista legal y comercial este aspecto.
Estas son las nuevas reglas de juego. Así pues, abordar el embalaje de forma proactiva es una decisión financiera que ayudará a proteger los márgenes de beneficio, garantizar el acceso a las cadenas de distribución y transformar el embalaje en un potente activo comercial. Las pymes que integren el packaging sostenible en la columna vertebral de su planificación anual (alineando las decisiones de compras, operaciones y dirección comercial bajo una misma visión estratégica) amortiguarán el impacto de este reglamento y convertirán el cumplimiento normativo en una ventaja competitiva clara, rentable y difícil de replicar por su competencia.
Varios ejemplos: el sector hortofrutícola y la protección
Como fabricantes, en Cartonajes Malagueños lo vemos claro en dos sectores: el hortofrutícola y la protección de envases de cristal. El primero está progresivamente sustituyendo las tarrinas de plástico termoformado o mallas sintéticas de dos maneras: envases a granel en los que el cliente se sirve o canastillas de cartón ondulado microcanal.
Por otro lado, a la hora de proteger botellas y otros productos de cristal, los separadores y amortiguadores de cartón ondulado troquelado (también conocido como nido de abeja) están sustituyendo a las esquineras de poliestireno expandido y a las clásicas burbujas de plástico.
Esto no es “green washing” ni una cuestión de imagen: la sostenibilidad en el packaging es una cuestión de cadena de suministro y, por tanto, de negocio. Las pymes que integren desde ahora logística, diseño del envase y cumplimiento normativo llegarán a 2028 con ventaja. En ese camino el área comercial es quien mejor conecta lo que la fábrica puede hacer con lo que el cliente necesita. Porque en un mercado que exige cada vez más garantías, el envase bien pensado acaba siendo parte de la propuesta de valor.







