Lactalis España y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), a través de la Estación Experimental del Zaidín (Granada), anuncian la renovación y ampliación hasta 2033 del acuerdo de colaboración para impulsar la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) en granjas de vacuno lechero proveedoras de leche.
Tras un primer año centrado en asegurar la calidad del dato, validar metodologías y aterrizar soluciones aplicables, el proyecto entra en fase de despliegue con la identificación de 27 palancas de reducción listas para convertirse en medidas implantables sobre el terreno.
La transición climática del sector lácteo se juega, en gran parte, en el origen. Por ello, Lactalis sitúa el trabajo con las explotaciones proveedoras como una palanca estratégica de transformación, alineada con una ambición cuantificada: reducir un 30,3% las emisiones de Alcance 3 FLAG para 2030 y contribuir a la neutralidad climática en 2050.
En este contexto, la compañía impulsa un proyecto que busca convertir la medición en acción, con soluciones técnicas que puedan implementarse y escalarse sin perder de vista la viabilidad de las granjas.“El primer paso es medir bien la realidad de cada granja: si no entendemos con precisión dónde se generan las emisiones, no podemos diseñar soluciones eficaces ni acompañar al ganadero en un cambio real”, explica José Sáez, director de Lactalis Compras y Suministros.
Además de su contribución climática, esta colaboración incorpora una dimensión clave para el futuro del sector: mejorar la eficiencia global de la explotación, entendida como la capacidad de producir de forma más estable, con mejor uso de recursos y mayor resiliencia ante volatilidad de costes, presión regulatoria y cambios en el mercado.
Alinear ciencia y tecnología con la realidad del terreno
Lactalis ha auditado más de 1.000 granjas en los últimos tres años, lo que permite clusterizar tipologías, comprender perfiles productivos y orientar recomendaciones adaptadas. En paralelo, el CSIC ha prestado apoyo técnico en oficina y en campo, revisando la herramienta de medición y el procesado de datos “desde la granja a la compañía”, y proponiendo mejoras que refuercen comparabilidad y fiabilidad. Según David Yáñez, investigador del CSIC y especialista en nutrición animal, este trabajo ha sido clave para “alinear ciencia y técnica con la realidad del terreno” y conseguir que la medición sea útil para transformar.
Este enfoque metodológico no solo sirve para reducir emisiones sino que construye una base objetiva para tomar mejores decisiones de gestión. La medición comparable y el análisis por tipologías permiten identificar prácticas con impacto directo en la eficiencia del modelo productivo (rendimiento alimentario, manejo, fertilización, gestión de purines, bienestar animal) y, con ello, en variables económicas de primer orden como el consumo de insumos, productividad por vaca, estabilidad sanitaria, costes energéticos y aprovechamiento de recursos.
El trabajo de profundidad se ha materializado en 16 granjas piloto, seleccionadas para representar distintos perfiles y tipologías productivas. De este piloto surgen las 27 palancas de reducción en ámbitos como fertilización y manejo agronómico, eficiencia de recursos, bienestar animal, gestión del estiércol y alimentación del ganado, entre otras.
Como destaca David Yáñez, “cuando la ciencia aterriza en el terreno y se traduce en medidas comprensibles, el sector gana en eficacia y el ganadero gana en autonomía para mejorar”.







