AN Mélida, la empresa avícola del grupo AN, está mejorando la eficiencia de las primeras fases del proceso integrado de su producción de pollo, utilizando para ello la automatización. Un ejemplo es la incorporación de una línea de sexado automático en su incubadora de Marcilla (Navarra). Esta nueva tecnología permite identificar automáticamente el sexo de los pollitos y clasificarlos en función de si son hembras o machos. De esta forma, llegan separados a las granjas, donde la crianza diferenciada permite un crecimiento más homogéneo de los distintos grupos. Esto, en última instancia, servirá para optimizar el trabajo en el centro de procesamiento.
El módulo permite sexar 40.000 pollitos cada hora y, dado que la nave ya está preparada para su crecimiento, hay capacidad para añadir otro, cuando fuera necesario, para sexar hasta 80.000 pollos cada hora.
Hace ya algunos años que dejaron de sexarse pollitos en Marcilla y, por tanto, se enviaban a las granjas mezclados. “Anteriormente, sí se separaban”, recuerda Javier Lacalle, director de Ganadería del Grupo AN, “pero se trataba de un proceso manual, para el que era necesaria mucha mano de obra especializada que rotaba de una empresa a otra, por lo que, desde el punto de vista de la bioseguridad, el riesgo era altísimo”, afirma, añadiendo también que muchas veces no se podían aprovechar en las granjas los beneficios que implica esa separación. “Ahora contamos con una tecnología que, mecánicamente, es muy sencilla, porque consiste en unas cintas y un soplador, pero lo realmente importante está en el uso de inteligencia artificial con la que logramos un ratio de acierto del 97 %”, explica Lacalle.
Los pollitos vienen del triaje y se van distribuyendo de manera uniforme en la siguiente cinta. Al final de esta, se produce un pequeño salto de unos pocos centímetros, que realizan de manera suave y lenta. El objetivo es que, al caer, abran las alas, cuya morfología permite determinar si se trata de hembras o de machos. En milésimas de segundo, una máquina realiza entre 12 y 14 fotos de cada pollito con las alas abiertas y aplica un algoritmo con 7,2 M de parámetros, con lo que prácticamente se asegura el éxito de su clasificación. La lectura de los datos generados se completa en un lapso inapreciable de tiempo y, a continuación, los pollitos son conducidos mediante un soplo de aire a una línea, si son machos, y a otra, si son hembras. A partir de ahí, ya diferenciados por sexos, continúan su recorrido hasta la parte final del proceso, hasta su distribución en cajas para ser enviados a las granjas.
Para entender las ventajas que aporta la introducción de esta tecnología, debemos irnos hasta el final del ciclo: hasta el centro de procesamiento avícola. “Necesitamos que las manadas sean uniformes para que el procesamiento sea óptimo y se obtenga el mejor resultado”, apunta Lacalle. “Por eso, lo que hacemos es criar por separado en las granjas, machos por un lado y hembras por otro, ya que crecen a ritmos distintos y, con el paso de las semanas, esas diferencias van aumentando. Así, al separar por sexos podemos acertar más en las proyecciones de peso y enviar partidas uniformes, tanto de peso como de volumetría, mientras que, si los mandamos mezclados, se producen diferencias que afectan al rendimiento del centro”, añade.
Tras la puesta en marcha de la sexadora, comienza una nueva fase: “Estamos definiendo los modelos de crianza de los ganaderos. Van a ser prácticamente a medida de cada uno, en función del número de naves que tenga, entre otros factores”, explica el director de Ganadería del Grupo AN. El objetivo final, apunta Lacalle, es lograr una mayor rentabilidad en las granjas y optimizar la eficiencia de todo el ciclo: “Un buen ejemplo es cómo ha mejorado en los últimos 15 años el índice de conversión (cuántos kilos de pienso se necesitan para producir un kilo de carne), que ha bajado de 1,9 a 1,6. Reducir 300 gramos por 100 millones de kilos de pollo, son 30 millones de kilos menos de cereal que se han necesitado, lo que implica también menos gasto de agua, de fertilizantes, etc. En este sentido, somos la más eficiente de todas las ganaderías y esa sostenibilidad económica y social permite que nuestros ganaderos tengan una actividad rentable, contribuyendo además a fijar población en el medio rural”, afirma.







