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Ladrillos para (re)construir vidas

Ladrillos para (re)construir vidas
Sebastian Molinero, director de Andimac


La reconstrucción de Alepo empieza a cimentarse en España, gracias a la puesta en marcha de un proyecto impulsado por ONG Rescate y el sector de la construcción español que pretende reformar una de las ciudades sirias más afectadas por la guerra y al que se ha sumado Andimac, conscientes de que nuestro deber moral es ofrecer el máximo respaldo a este tipo de iniciativas.

ONG Rescate y el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) han creado en Alepo ‘La Fábrica de Esperanza’, en la que se fabrican ladrillos con los escombros resultantes de los bombardeos.

Y es que, pese a que la distancia geográfica nos insonorice frente al estruendo de las bombas, no debemos silenciar la muerte, cuyo olvido nos hace más débiles y peores personas.

No se trata de una tragedia lejana ni ajena. De hecho, el distanciamiento ante este tipo de catástrofes puede resultar incluso peligroso a largo plazo, como han demostrado numerosos acontecimientos a lo largo de la historia. Por este motivo, no podemos dejar de comprometernos, en la medida de nuestras posibilidades, a apoyar una iniciativa que busca ayudar a reconstruir vidas, no sólo edificios.

El proyecto Alepoh, como se denomina, pretende alumbrar esperanzas y recuperar la dignidad que para millones de personas supondrá regresar a su tierra. Son seres humanos que han visto, oído y olido la muerte, que saben a lo que sabe, y que merecen toda nuestra atención.

Pues bien, el hecho de utilizar el ladrillo como un medio para lograr este fin, más allá de la implicación en el plano personal, tiene un gran componente sectorial. Y es que constituye una palanca para contribuir a poner el ladrillo donde le corresponde: en el núcleo de la vida diaria de los hogares. A fin de cuentas, prestigiar socialmente la imagen del ladrillo es prestigiar socialmente la imagen de la construcción.

Las empresas que operan en sectores de dudosa reputación cargan con una losa intangible que constantemente frena su potencial de crecimiento. Estamos acostumbrados a soportarla y a vivir con ella, por lo que no la percibimos de forma directa. Pero existir, existe. Y en múltiples estudios que realizamos aparece en forma de presión hacia el precio, de dificultad para transferir valor añadido a la demanda, de pérdida de oportunidades de obra, de retrasos y cancelaciones en la toma de decisiones... Una losa que resulta especialmente lesiva tanto para el desarrollo de la verdadera potencialidad del mercado de la reforma y la rehabilitación como para que el sector se recicle y mejore cualitativamente en el ámbito de los oficios. Este último extremo, además, afecta de forma plena a la obra nueva.

Personalmente, creo que es la primera vez que se identifica el ladrillo, como símbolo social del sector de la construcción, con la capacidad ya no sólo de construir, sino de generar vida. Porque ésta es la misión última y, por tanto, el valor real de la construcción, el verdadero sentido económico del sector: tener capacidad para crear espacios para el desarrollo vital de las personas.

Si bien es cierto que no creamos vida, también es verdad que un sector de la construcción moderno debe orientar su misión hacia el objetivo de hacer que esta vida sea mejor. Y ésta es la razón por la que desde Andimac, como organización empresarial que tiene entre otros fines el de promover el prestigio social de la distribución profesional de materiales de construcción, nos hemos sumado de forma activa a este proyecto. Así pues, el apoyo a este proyecto es también un compromiso con el futuro del sector.

Este ladrillo “made in Spain” es el más caro, y a la vez el más valioso, de la historia. Realizado de forma desinteresada por La Paloma -en colaboración con Hispalyt - es en sí mismo una pequeña joya, ya que se trata de un ladrillo convencional, pero tiene un diseño único: blanco, como símbolo de la paz.

Finalmente, si el sector de la construcción español, integrado por cientos de miles de empresas, es capaz de comprar 2.000 de estos ladrillos, habremos contribuido a rehabilitar 6.500 pisos y viviendas, y a reconstruir 2 hospitales y alrededor de 12 escuelas; beneficiando a miles y miles de personas.

De ahí que el éxito de este proyecto sea un éxito humano, pero también el éxito de un sector que tiene ante sí una oportunidad única para ayudar a mejorar la imagen social de la construcción, lo que en última instancia es bueno para el prestigio de las empresas.

Sebastián Molinero, secretario general de Andimac



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