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Cómo cuidar nuestro planeta a través de la envolvente térmica de nuestro edificio

En la actualidad, la eficiencia energética se plantea como una de las políticas de freno para el cambio climático junto a otras medidas como el impulso de sociedades sostenibles, el desarrollo de energías renovables y una política de transporte menos agresiva con el medio. Y todas ellas no pretenden en ningún que renunciemos a nuestra calidad de vida, sino que obtengamos los mismos bienes y servicios empleando menos recursos, mejorando los procesos, haciendo uso del reciclaje y de productos menos contaminantes y consumiendo de manera inteligente.

Cómo cuidar nuestro planeta a través de la envolvente térmica de nuestro edificio

Aunque es responsabilidad de todos incluir en nuestros valores la conciencia ecológica, la construcción o rehabilitación de los edificios también debe contemplar la sostenibilidad en todos sus procesos. Sobre todo teniendo en cuenta que la mayoría de viviendas del parque tiene más de 40 años, no se ajusta a los nuevos estándares de edificación y propicia auténticos derroches de energía. Y es que merece la pena recordar, sobre todo cuando las altas instituciones aprueban medidas como el reciente paquete de Energía y Clima, que no solo el coche contamina y que los edificios también causan más de un tercio de las emisiones contaminantes que se registran en las grandes ciudades.

Es más, se calcula que hasta un 99% de las viviendas sufre pérdidas o ganancias de calor excesivas a causa de la ineficiencia energética. De manera que, si se compararan con los automóviles, ese 99%, de ser coches, consumirían más de 15 litros de combustible a los 100 kilómetros e incluso algunas hasta 40 –casi tres veces más-.

Por tanto, la necesidad de rehabilitación de estos edificios no puede quedar en el aire, sobre todo teniendo en cuenta que sus principales grietas en materia de eficiencia energética suelen estar en su envolvente térmica. De hecho, se calcula que solo un adecuado aislamiento de cubiertas y fachadas de un bloque de viviendas podría reducir su consumo energético entre el 50% y el 65%, con la reducción de emisiones que eso conlleva, y la reducción importante de la factura de la luz.

Una forma de abrigar los edificios por fuera

Y es que la temperatura debe rondar los 20º/21º en invierno y los 26/27º en verano; un equilibrio térmico que se está mucho más cerca de conseguir de forma natural –sin climatización extra- mediante el empleo de soluciones con aislamiento térmico. Pero, ¿cuál es la mejor forma de hacerlo? El sector ya ha puesto en marcha métodos y sistemas muy eficientes como los de aislamiento térmico por el exterior (SATE), una forma de abrigar los edificios por fuera y que, según datos del sector, puede reducir el gasto de energía, calefacción y refrigeración hasta en un 70%

En concreto, a diferencia de los sistemas tradicionales de aislamiento por el interior de las paredes de nuestras viviendas, el SATE se instala por el exterior de la fachada, dejándola aislada y minimizando el intercambio energético entre el exterior y el interior que es lo que, en definitiva, deja que el frío y el calor penetre en las viviendas en invierno y en verano.

Y, si bien es cierto que su instalación depende del acuerdo de toda la comunidad de vecinos, incluye distintas ventajas como que elimina los puentes térmicos o evita el riesgo de condensaciones en la fachada. Igualmente, al tratarse de una rehabilitación por el exterior no afecta al espacio interior de las viviendas -que con el aislamiento tradicional se ve reducido-, ni tampoco condiciona el uso del edificio durante la obra. Asimismo, mejora y moderniza la imagen del edificio y contribuye a revalorizarlo hasta en un 25%.

Mientras tanto, su instalación en manos de profesionales es sencilla. Consiste en la fijación de una capa de aislamiento térmico a base de planchas de poliestireno extruido (XPS), sobre la cual se incorpora un mortero armado que le aporta un acabado estético.

Por otro lado, una eficiente impermeabilización de nuestros hogares también se vuelve fundamental para evitar el consumo extra de energía o para que las humedades y/o goteras puedan afectar a la salud y dañar además toda la estructura del edificio que exigirá una posterior rehabilitación más compleja y costosa. En este sentido, láminas impermeabilizantes fotocatalíticas -que reaccionan a la luz del sol absorbiendo dióxidos de nitrógeno y eliminándolos con el agua de lluvia- o las cubiertas ajardinadas, que capturan los gases contaminantes y nocivos, y, por tanto, rebajan la cantidad de dióxido de carbono emitida a la atmósfera, son opciones muy interesantes en las que el sector ya trabaja.

El futuro de la construcción sostenible

En definitiva, para cuidar de nuestro entorno desde la envolvente de nuestro edificio, el foco debe estar en la calidad técnica de las soluciones y su puesta en obra, con una visión 360 y atendiendo siempre a parámetros y variables tan importantes como la sostenibilidad y la eficiencia energética.

Es necesario un cambio de cultura hacia lo cualitativo, hacia los valores medioambientales de un edificio que ya premian organismos y certificaciones a través de la aplicación de una metodología de evaluación que mide el impacto de un edificio en todas las fases, desde la calidad de los materiales con los que se construye, su transporte, mantenimiento y derribo, hasta su gestión del agua, su emisión de gases contaminantes o la energía que consume.

Se trata de sellos como el español VERDE, el estadounidense LEED o el británico BREEAM que acreditan el comportamiento ambiental de los edificios e indican que han sido diseñados y construidos según unos criterios y categorías que priorizan el máximo confort, el mínimo consumo energético y la máxima sostenibilidad; unos certificados que se aplican en cualquier tipo de edificio: viviendas, oficinas, hoteles, locales comerciales, unifamiliares, equipamientos… tanto en obra nueva como en rehabilitación.

Asimismo, el futuro de la construcción sostenible también pasa por las casas pasivas y los Edificios de Consumo Casi Nulo, las máximas en eficiencia energética al demandar solo el 10% de la energía empleada por una vivienda media. Su estándar de construcción, que combina un elevado nivel de confort interior y un consumo de energía muy bajo, se consigue cuidando al máximo la envolvente térmica de la vivienda mediante un eficiente aislamiento térmico –sin puentes térmicos-, carpinterías y vidrios de altas prestaciones, un elevado grado de estanqueidad al aire y un sistema de ventilación mecánica con recuperación de calor. Además, la escasa energía que necesita se puede obtener a partir de fuentes renovables, lo que le convierte en un tipo de construcción sostenible y con costes cero para el planeta. ¿Empezamos?

Carlos Castro, responsable de eficiencia energética y coordinador para certificaciones de Danosa



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