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¿Cómo ha influido la reglamentación en los fabricantes de aislamiento?

¿Cómo ha influido la reglamentación en los fabricantes de aislamiento?

¿Han cambiado los requisitos de prestaciones térmicas en el Código Técnico de la Edificación (CTE)? La respuesta es un sí rotundo. Antes de abordar brevemente la historia de dichos requisitos reglamentarios y su expresión actual hay que dejar bien claras dos ideas generales.

En primer lugar, los requisitos reglamentarios han ido siempre por detrás de las necesidades reales. En segundo lugar, los requisitos reglamentarios establecen mínimos de calidad, lo que muchas veces ha significado calidad baja o simplemente mala. Pero, obviamente, si un arquitecto, un técnico en general, un promotor, una constructora, un usuario deciden, voluntariamente, ir más allá de los requisitos mínimos, está claro que impulsan una mejor calidad.

Como indica el presidente de la Asociación Ibérica del Poliestireno Extruido (Aipex), Paulo Oliveira, “cada vez vemos más que los nuevos edificios se acercan a estándares como el Passivhaus o Edificios de Consumo Casi Nulo (EECN) o buscan obtener certificaciones como Leed, Breeam o Verde. Todas ellas proponen mayores espesores de aislamiento que los establecidos por la normativa española lo que, a la postre, incrementa la calidad y la sostenibilidad de nuestros edificios”.

Una breve historia de la reglamentación térmica en edificios en España

¿Alguien se acuerda de la NBE-CT 79? Respecto de las prestaciones térmicas y energéticas de los edificios, en España hubo una primera reglamentación en 1979, la NBE-CT 79, Norma Básica de la Edificación-Condiciones Térmicas. El motivo para aquella primera reglamentación, que ya surgió retrasada y desfasada, fue la crisis del petróleo de 1973, seis años antes, y la sensibilidad creciente de los estados europeos por la dependencia de fuentes energéticas, como el petróleo, fuera del territorio europeo. Es decir, la motivación era la política geoestratégica de los estados, no tanto o apenas nada la mejora como tal de la edificación y el bienestar consiguiente para sus usuarios y ocupantes. El resultado, al menos en España, fue una muy pobre reglamentación de muy baja calidad. Su único mérito fue poner encima de la mesa de los técnicos por primera vez en España la necesidad de aislar térmicamente con productos de construcción especializados en dicha función.

¿Cómo ha influido la reglamentación en los fabricantes de aislamiento?

De hecho, el mayor problema de la NBE CT-79 es que estuvo vigente 27 años. Lo que ya era pobre en el mismo momento de su publicación, se había convertido en una vergüenza inadmisible muchos años antes de su derogación en 2006. La mayor exigencia en espesor de aislamiento térmico que planteaba esa norma se podía resolver con unos 4 centímetros de espesor, en el clima más frío. Pero había muchas situaciones que se podían resolver con 3, con 2, con 1, e incluso con 0 cm de espesor de aislamiento (es decir, nada).

Cambio climático… ¿qué cambio climático?

El “móvil geoestratégico”, reducir la dependencia energética exterior de los estados, que desencadenó la primera reglamentación térmica, se quedó pronto obsoleto. Al auge del capitalismo neoliberal desenfrenado, unidimensional, fundamentalista y extremista que la sociedad global sigue y sufre desde los mismos años 70 del siglo XX que tomamos de partida en nuestra historia, hubo pronto reacciones que señalaron los riesgos e incertidumbres generadas por el incesante productivismo expansivo vigente, bajo la etiqueta manida y tramposa de “crecimiento”, como infalible e indiscutible tótem económico. La clave fue la verificación empírica de la progresiva acumulación de gases de efecto invernadero (GEI’s) en la atmósfera, con especial incidencia del dióxido de carbono (CO2).

¿De dónde proceden esos gases? A estas alturas no hace falta explicarlo, pero repitámoslo una vez más: de la actividad humana, sobre todo quemando combustibles fósiles, utilizados en sus vehículos, en sus industrias, en sus viviendas y edificios. Ya en 1971 se publicaba el famoso informe del Club de Roma, 'Los límites del crecimiento', pero fue a lo largo de los años 80 y 90 cuando se fue constatando por muchos, lo que ni siquiera el Club de Roma pudo o quiso prever en 1971, sobre los brutales impactos medioambientales de la actividad humana. Las evidencias acumuladas cada vez más del cambio climático consecuencia de la actividad humana son el argumento central desde entonces. Y lo que ha llevado a muchos a replantear el rumbo de la sociedad capitalista neoliberal global. Entre esos muchos, no es cualquiera la propia Organización de Naciones Unidas, con dos hitos muy publicitados:

El concepto de “desarrollo sostenible”, lanzado en 1987, no tan importante por suponer una nueva praxis en el modo de producción capitalista (que sigue olímpicamente instalada en el “business as usual”), sino más bien como reconocimiento implícito de que “algo no va bien”: “Houston, tenemos un problema”, pero ahora el Apolo XIII es el propio planeta Tierra.

El Protocolo de Kyoto, en 1997, donde se empieza a buscar un acuerdo mundial para acometer el cambio climático. La cadena de reuniones internacionales que empezó en Kyoto llegó en París en 2015 a otro acuerdo muy aplaudido por el “mainstream” de los “mass media”, pero ya totalmente insuficiente ante el calibre del problema global al que la humanidad se enfrentará en los siguientes 30 años.

¿Qué tiene que ver el espesor de aislamiento térmico con el cambio climático?

Es muy sencillo: más espesor, significa menores pérdidas energéticas en los edificios; menores pérdidas energéticas significa menor consumo de energía para mantener los edificios en condiciones de bienestar térmico; menor consumo de energía significa quemar menos combustibles; y, si se queman menos combustibles, se emite menos CO2 procedente de dicha combustión.

¿Por qué la NBE CT-79 fue sustituida por el CTE? ¿Por el cambio climático? ¿Hay más razones?

Evidentemente el cambio climático no es la razón directa para que el CTE mandase al baúl de los recuerdos a la NBE CT-79, pero forma parte del nuevo contexto que ha determinado los cambios reglamentarios y legislativos. La verdad es que hay otro factor más inmediato y directo, que fue un verdadero revulsivo para acometer el CTE: la integración de España en la Unión Europea.

En realidad, mucha legislación y reglamentación es mera trasposición de lo que emanan las instituciones europeas. E incluso legislaciones que parecen ser puramente nacionales no dejan de buscar el mejor acomodo posible con “Europa”. Ejemplos:

-La LOE, Ley de Ordenación de la Edificación, de noviembre de 1999, recogía los llamados “requisitos esenciales” que ya se definían 10 años antes en la Directiva europea 89/106 de productos de construcción, entre ellos el “ahorro de energía”.

-El propio CTE emana de la LOE pero traspone además todo lo que se ha ido generando desde la Comisión Europea, a través de sus Directivas y Reglamentos. Así, la Directiva europea 2002/91 sobre eficiencia energética de edificios (EPBD, Energy Performance of Buildings Directive) se integró en tres elementos reglamentarios publicados entre 2006 y 2007 en el Boletín Oficial del Estado (BOE): En 2006, el propio CTE, texto reglamentario que, por otro lado, es un desarrollo de lo que ya establecía la LOE. También en 2006, un nuevo RITE, Reglamento de Instalaciones Térmicas en la Edificación, sustituyendo al primer RITE publicado en 1998. Por fin, en 2007, un procedimiento de Certificación Energética de Edificios.

En teoría el CTE se debería revisar cada 5 años como plazo máximo. Sin embargo, desde 2006 ha habido, hasta diciembre de 2019, sólo dos revisiones en esos más de 13 años: una primera en 2013 y la segunda a finales de 2019.

En 2013 se hizo la trasposición de la Directiva europea 2010/31 sobre Eficiencia Energética de Edificios (EPBD), una “refundición” de la Directiva original 2002/91. Es en la Directiva 2010/31 donde arranca el concepto EECN, Edificio de Energía Casi Nula y la generalización de la Certificación Energética para todos los edificios existentes, no sólo la obra nueva.

En 2019 la segunda revisión del CTE (y tercera versión del CTE, por tanto) pasa a trasponer las modificaciones que introdujo la Directiva 2018/844/UE en la Directiva EPBD de 2010, al fundirla además con otra Directiva más general sobre eficiencia energética, la 2012/27/UE. Es a partir de esta revisión donde se va a hacer hincapié en el concepto de “descarbonización”.

¿Cómo ha influido la reglamentación en los fabricantes de aislamiento?

¿Cómo se concreta, medido en espesores de aislamiento térmico, el CTE DB-HE vigente?

Hemos visto que los espesores de aislamiento en la envolvente térmica se cuantificaban, hasta la irrupción en 2006 del CTE que derogó la NBE CT-79, en 4 centímetros como mucho, en la inmensa mayoría de casos. Pues bien, desde la primera revisión del CTE DB-HE (Documento Básico-Habitabilidad-Ahorro de Energía) en 2013, en la inmensa mayoría de casos y climas no sirven espesores por debajo de 5 cm.

El menor espesor referido es de 4 cm y solamente sería válido para muros y suelos en las islas Canarias. Pero no olvidemos que si en ese caso se prescribe un espesor mayor, de 5 cm por ejemplo, va a ser para beneficio del edificio y sus ocupantes, pues la reglamentación establece prestaciones mínimas, otra cosa es que haya la “interpretación” interesada de que los mínimos son los valores a los que ajustarse.

Por supuesto con valores de conductividad térmica declarada inferiores (o sea, mejores), se podrían dar casos, en las zonas climáticas con tiempo invernal más benigno (zona α, islas Canarias, y zona A, costa andaluza), en que un espesor por debajo de 5 cm siga permitiendo cumplir el valor “orientativo” del CTE DB-HE1.

¿Qué ha tenido que hacer la industria fabricante de aislamiento térmico?

La industria fabricante de aislamiento térmico, en un plazo relativamente breve entre el primer CTE de 2006 y la primera revisión de 2013, tuvo que adaptar su oferta de espesores, hasta 2006 basada en 2 o 3 espesores distintos, con un máximo habitual de 4 cm, a una oferta basada en un rango de espesores, de 4 a 16 cm, es decir, del orden de unos 13 espesores diferentes.

En el caso de los fabricantes de XPS, además, y debido a la fabricación en continuo por extrusión de cada espesor diferenciado de plancha de XPS (no es un bloque que luego se corta o “rebana” a espesores menores deseados), esto comporta una complejidad añadida en la fabricación. Esa complejidad, por cierto, es clave para las propiedades únicas que lo caracterizan.

Hay varios aspectos a tener en cuenta:

-La gran mayoría del país (zonas B, C, D y E) necesita un rango de espesores entre 6 y 16 cm de espesor.

-Los fabricantes de XPS cuentan con instalaciones que, gracias a las inversiones y mejoras habidas en los procesos de fabricación, han podido atender el aumento inicial de espesores planteado por la primera versión del CTE en 2006, con planchas de XPS de hasta 10 y, en algún caso, 12 cm de espesor. En realidad, el “estándar” de fabricación de los fabricantes de XPS pasó a incluir una selección de espesores ajustados a requisitos, pero casi nunca todos los espesores en un “escalado” centímetro a centímetro. Es decir, ha habido stock habitual de 6, 8 y 10 cm, pero no de 7 y 9 cm

-Sin embargo, la revisión de 2013, ahora incluso levemente ampliada en la de 2019, implica espesores por encima de 10 cm en diversas zonas.

-Como consecuencia se está adoptando la solución de la doble capa de planchas. Una guía sencilla es la siguiente: 11 cm = 6 + 5; 12 cm = 6 + 6; 13 cm = 8 + 5; 14 cm = 8 + 6; 15 cm = 10 + 5; 16 cm = 8 + 8. En definitiva, con un rango de espesores fabricados de planchas de XPS de 5, 6, 8 y 10 cm, es factible resolver con dobles capas todos los espesores crecientes hasta 16 cm

-El CTE subraya en su última revisión de 2019 la necesidad de tratar los puentes térmicos. Es un caso puntual que puede llevar a espesores más bajos de los señalados, si constructivamente no hay otro remedio, pero se trata siempre entonces de productos y gamas “especiales” para el tratamiento de puentes térmicos.

Carlos Castro es arquitecto y responsable de aislamiento térmico de Danosa



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