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Quinta edición trienal de la Memoria de Sostenibilidad del Papel

Quinta edición trienal de la Memoria de Sostenibilidad del Papel

La Asociación Española de Fabricantes de Pasta, Papel y Cartón (Aspapel) ha presentado la quinta edición trienal de la Memoria de Sostenibilidad del Papel, entre cuyos objetivos se plantea en su Hoja de Ruta 2050 reducir las emisiones de CO2 en un 80% con respecto a 2015. Esta reducción de emisiones se refiere tanto a las emisiones directas como a la electricidad comprada y el transporte, que en 2015 suponían para el sector en Europa 49 Mt de CO2. El objetivo de que estas emisiones desciendan para 2050 hasta los 12 Mt supone una reducción de 37 Mt de CO2 en el conjunto de la industria europea de la celulosa y el papel.

La Hoja de Ruta contempla que el 60% de esa reducción se obtendrá con la mejora del mix de combustibles gracias a la creciente utilización de combustibles bajos en carbono o libres de carbono, la eficiencia energética con mejoras de proceso que incluyen la transición a la industria 4.0, la potenciación de la cogeneración para flexibilizar la demanda y la aplicación de tecnologías emergentes innovadoras. Otro 30% de la reducción procederá de la reducción de las emisiones indirectas por compra de electricidad, de forma paralela a la descarbonización del sector eléctrico europeo. Y el 10% restante vendría a través del transporte, con medidas de eficiencia, uso de combustibles menos contaminantes, mejora de infraestructuras, intermodalidad, etc.

El sector pastero-papelero es intensivo en el empleo de electricidad y gas, y se encuentra a la vanguardia de la descarbonización del sector industrial en su conjunto. En el proceso de descarbonización en que está inmerso, el mix de combustibles, la cogeneración y la eficiencia energética son clave en la reducción de las emisiones de CO2.

En el proceso papelero se generan cortezas, lignina y restos de fibras no aptos para el reciclaje que se utilizan crecientemente como combustible en las propias plantas, lo que convierte al sector papelero en el mayor productor y consumidor industrial de biomasa en nuestro país. Actualmente el 33% del combustible utilizado en el sector es biomasa o biogás, frente al 23% de hace una década. Y el resto del combustible empleado es gas natural.

El sector papelero produce la mayor parte de la energía que consumen sus fábricas en plantas de cogeneración situadas al lado de las instalaciones fabriles, que suman en su conjunto 1.086 MW de potencia instalada. La cogeneración es una MTD (mejor tecnología disponible), que produce a la vez electricidad y calor útil en forma de vapor, optimizando el uso de combustible, de manera que ahorra energía primaria y reduce las emisiones.Se trata de un sistema de generación distribuida de electricidad de alta eficiencia energética, que para el sector papelero es una herramienta de eficiencia medioambiental y económica y un instrumento de competitividad, dados los tradicionalmente altos costes de la electricidad industrial en España.

Los consumidores del siglo XXI buscan productos naturales, renovables, reciclables y biodegradables que sean bajos en carbono. Pocos productos como los papeleros cumplen satisfactoriamente estos requisitos. Por esta razón, el papel está sustituyendo crecientemente en numerosas aplicaciones a productos intensivos en carbono procedentes de recursos fósiles no renovables.

Las últimas tendencias en la industria de la celulosa y el papel en lo que se refiere a nuevos productos se centran en la oferta de bioproductos bajos en carbono y se desarrollan en tono a cinco líneas de innovación: uso de fibras de celulosa de nuevas fuentes naturales, biocomposites, electrónica impresa y nanotecnología, nuevos conceptos de packaging y nuevos productos con prestaciones innovadoras para la vida diaria.

La bioeconomía circular del papel

Bioindustria circular significa materias primas renovables, productos sostenibles, uso eficiente de los recursos y todo ello desde un enfoque circular. Este doble concepto es un potente instrumento para acelerar el progreso hacia una economía baja en carbono. Y en esta transformación industrial, la bioeconomía circular del papel es un claro referente llamado a liderar la nueva economía.

La bioindustria circular de la celulosa y el papel española emplea como materia prima 1,9 Mt de celulosa y 4,4 Mt de papel usado para reciclar (en toneladas de celulosa equivalentes). El 70% de la materia prima empleada por la industria papelera española es fibra reciclada y el 30% fibra virgen de madera certificada (63%) y en todo caso de madera de origen controlado procedente de aprovechamientos legales.

Los datos clave para medir el nivel de reciclaje son cuánto papel y cartón del total que se consume en España se recoge para reciclarlo una vez usado y cuánto recicla nuestra industria papelera, es decir, cuánto papel para reciclar utiliza como materia prima. Y en ambos, España saca muy buena nota.

La tasa de recogida (papel que se recoge para reciclar en porcentaje sobre el consumo total de papel) se ha movido en España en los últimos años en torno a la media europea e incluso por encima. Y en lo que se refiere a la tasa de reciclaje (consumo de papel para reciclar utilizado como materia prima en porcentaje sobre el consumo total de papel y cartón) cuya media europea en 2017 fue del 62%, la superamos actualmente en doce puntos (74%), no en vano nuestra industria papelera es la tercera más recicladora de Europa en volumen.

La recogida selectiva municipal de papel y cartón en España es un caso de éxito de ámbito europeo. El sistema del contenedor azul, reforzado por las recogidas puerta a puerta del pequeño comercio y por las recogidas complementarias en colegios y dependencias municipales, ha demostrado ampliamente su eficacia.

La fortaleza e idoneidad de nuestro sistema y el compromiso y colaboración de todos los agentes implicados nos permitirán sin duda afrontar con éxito los cambios que se están produciendo en el mercado internacional del papel para reciclar. China ha desarrollado un plan de mejora de sus sistemas de recogida municipal y ha apostado por mayores exigencias de calidad en sus importaciones del papel para reciclar. Esta doble estrategia del gigante chino tiene una repercusión global, desincentivando los sistemas de recogida que generan un material de peor calidad que tiene cada vez más difícil salida.

La industria papelera española, gracias a su gran capacidad recicladora, garantiza el reciclaje en España de todo el papel y cartón recogido selectivamente, que cumpla con los estándares europeos de calidad, es decir, con la norma europea EN 643.

El 81% de los residuos de fabricación se valorizan

La política de gestión de los residuos del proceso se orienta en primer lugar a su minimización, con el control de calidad de la materia prima y la implantación de mejoras en el proceso de fabricación. Con respecto a los residuos generados, el objetivo es ampliar las opciones disponibles para su valorización y minimizar el depósito final. La eliminación de los residuos en vertedero controlado solo se contempla cuando ninguna otra vía es posible. El porcentaje de residuos con destino a vertedero se ha reducido de manera muy importante, pasandodel 38% hace una década al actual 19%.

Actualmente el 81% de los residuos de fabricación se valorizan por distintas vías: valorización energética fundamentalmente en la propia fábrica (39%), uso como materia prima en otras industrias como la cementera o la cerámica (9,1%), uso directo agrícola (8,8%) y compostaje (7,3%). Es destacable el gran avance producido en el uso de estos residuos como combustible en la propia fábrica, que ha pasado de apenas un 0,5% en 2008 al 36,7%.

Para la producción de fibra virgen (celulosa) se utilizan en España 5,5 M m3 de madera. El 98% de esta madera procede de plantaciones locales de pinos y eucaliptos. La madera de pino es en su totalidad de procedencia local, así como el 97% de la madera de eucalipto (el 3% restante procede de plantaciones de eucalipto de otros países europeos). Y la totalidad de la madera utilizada por el sector proviene de aprovechamientos legales y de controlada trazabilidad.

Se trata además en un alto y creciente porcentaje de madera con certificación de gestión forestal sostenible (FSC y/o PEFC): la madera certificada consumida por el sector asciende al 63%, y en el caso del eucalipto supone el 75%. Están certificados el 100% de las fábricas de celulosa y de los proveedores de celulosa, el 92% de los proveedores de madera del sector y el 75% de las fábricas de papel. Y por lo que se refiere a los productos, el 56% de la celulosa de mercado y el 61% del papel puesto en el mercado está certificado.

Las 512.481 hectáreas de plantaciones donde se cultiva la madera para fabricar papel son grandes sumideros de CO2, con 46 Mt de CO2 equivalente fijadas, contribuyendo a frenar el cambio climático, que según recientes encuestas es ya la principal preocupación medioambiental de los ciudadanos.

Frente al creciente despoblamiento y envejecimiento rural, las plantaciones locales de madera para papel son un motor de desarrollo y un foco de creación de empleo y riqueza, señala Aspapel. Las tareas de repoblación y selvicultura suponen 5.526 empleos directos, a los que hay que sumar 17.780 empleos indirectos en maquinaria, transporte, talleres… Estos 23.306 empleos permiten fijar población en áreas deprimidas, colaborando a paliar la despoblación creciente. Las plantaciones también contribuyen a las rentas de los en su mayoría pequeños propietarios forestales de forma significativa.

La importancia del comercio exterior

España es uno de los grandes productores europeos de celulosa y papel, con 68 fábricas de papel y 10 plantas de producción de celulosa. El 57% de la celulosa y el 43% del papel que se fabrica en España se destinan al comercio exterior, que representa el 56% de la facturación.

La bioindustria circular de la celulosa y el papel tiene un importante efecto multiplicador en la economía a través de una potente cadena de valor desde las plantaciones de madera para papel, pasando por la fabricación de celulosa y papel y los diferentes tipos de industrias y servicios sectoriales (industrias transformadoras, publicidad y marketing directo, impresores, editores), hasta la logística de entrega (servicios postales y de correos), cerrando el ciclo con la recuperación de los residuos de papel y cartón y su vuelta a las fábricas papeleras.

La aportación global (directa + indirecta + inducida) a la economía de esta potente cadena de valor supone el 4,5% del PIB y genera el 2% de todos los empleos del país, según un reciente estudio de CEPREDE para las organizaciones de la cadena. Asimismo, el 8% de lo que factura la industria y el 2% de lo que recauda el Estado vía impuestos o cotizaciones sociales en España están relacionados con la actividad de la cadena de valor.

El empleo en la bioindustria circular de la celulosa y el papel se caracteriza por la estabilidad y la baja rotación. Actualmente el 89% de la plantilla corresponde a empleados con contratos indefinidos y el 11% son empleos temporales. Uno de cada tres empleados (31,4%) lleva más de 20 años en la empresa y tres de cada cinco (61,6%) tienen más de 10 años de antigüedad.



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