Desde sus inicios, la actividad sanitaria ha generado datos y se ha basado en ellos para realizar su actividad. Muy pronto se vio la necesidad y las ventajas de utilizarlos en distintos campos. Ya, en la Antigua Grecia, encontramos las “Epidemias de Hipócrates”, un conjunto de 7 libros en los que se recogen, entre otras cosas, historias clínicas individuales que incluyen la identificación de los pacientes, su estado y su entorno, así como la evolución cronológica de sus dolencias. Esta información se utilizaba, probablemente y de forma parecida a como se hace en la actualidad, para realizar el seguimiento del enfermo y poder reaccionar a su evolución, y, por otro, también como formación para futuros “iatros”.
La evolución de la práctica médica, así como el uso de las tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC) y los desarrollos de nueva instrumentación han aumentado los datos que están a disposición de los profesionales sanitarios y su aplicación en diferentes procesos: desde la continuidad asistencial hasta estudios epidemiológicos, pasando por medicina personalizada y de precisión o extracción de conocimiento por medio de algoritmos de Inteligencia Artificial, entre otros. Incluso, se utilizan datos de otros ámbitos en esta actividad, como datos demográficos, geográficos, ambientales, de exposiciones, económicos, etc. Y, recientemente, la digitalización ha hecho que este incremento sea exponencial.







