La interoperabilidad como clave de un sistema conectado
La consecución de un sistema conectado pasa por resolver los problemas vistos, siendo la interoperabilidad una de las principales herramientas de que se dispone para hacerlo. Sin embargo, la interoperabilidad es un concepto un tanto difuso; de hecho, hay distintas clases e incluso aparecen nuevos tipos a medida que se avanza en su tratamiento. ISO define la interoperabilidad (ISO/IEC 2382-01 Vocabulario de Tecnologías de la Información - Términos Fundamentales) como la “capacidad para comunicarse, ejecutar aplicaciones o transferirse datos entre varias unidades funcionales sin que el usuario necesite conocer las características particulares de dichas unidades”. Aunque la definición es muy concisa, quizá no incluye todos los aspectos que actualmente son contemplados. Y es que a medida que los usuarios, las organizaciones, los técnicos y los investigadores han comenzado a profundizar en este tema y a aplicar sus principios a su actividad en el campo de la salud, se ha ido descubriendo que para obtener los beneficios prometidos o cubrir las necesidades existentes no basta con hacer que dichas unidades se intercambien datos que más o menos puedan entender; hay que ir más allá y establecer los enlaces o las relaciones en varios niveles distintos de las organizaciones. En la actualidad se suele trabajar en las siguientes capas de interoperabilidad.
Existe una interoperabilidad técnica, que es la base en la que se sustenta la conexión entre sistemas. La interoperabilidad técnica define los interfaces, tanto físicos como lógicos, que permiten que las unidades funcionales, sistemas u organizaciones, puedan intercambiarse información. Establece desde las características de las clavijas y cables utilizados hasta protocolos de comunicación, pasando por la definición de las comunicaciones inalámbricas o el formato técnico dee los datos. Evidentemente, esta interoperabilidad es común a cualquier área del conocimiento, por lo que no representa un problema en el entorno sanitario. Normas como 802.3, 802.11, TCP/IP, HTTP, la especificación Bluetooth, Zigbee, los niveles bajos de la familia ISO 11073, SOAP, Web Services, etc. son las que se han utilizado y se utilizan para conseguirla.
Hay que tener en cuenta también la interoperabilidad sintáctica. Si la interoperabilidad técnica permitía la transferencia de bytes, la interoperabilidad sintáctica permite la transferencia de documentos. Se encarga de que en los documentos o en los mensajes intercambiados cada pieza esté en su sitio, pero sin ocuparse de que lo enviado tenga sentido. La interoperabilidad sintáctica trata de los formatos de los ficheros intercambiados o de los tipos de datos utilizados, pudiendo llegar a hacer traducciones entre los formatos usados por cada sistema involucrado en la comunicación. Este tipo de interoperabilidad también tiene un nivel de desarrollo alto, si bien en el campo sanitario sí es necesaria alguna especificación particular para poder representar correctamente los contenidos de los documentos que se intercambian. Existen una serie de normas en las que basarse para conseguir la interoperabilidad sintáctica, como XML, JSON, las especificaciones para tipos de datos como la TS 14796 de CEN o la ISO 21090, las especificaciones de mensajes de las versiones 2.x de HL7 o los modelos de referencia RIM de HL7 V3, de UNE-EN ISO 13606 o de OpenEHR.
Por su parte, la interoperabilidad semántica es, según la definición del Comité Técnico 251 de CEN, el estado que existe entre dos entidades-aplicaciones cuando, con respecto a una tarea específica, una aplicación puede aceptar datos de la otra y realizar esa tarea de manera satisfactoria, sin necesidad de intervención externa de un operador. Es decir, dos sistemas serán semánticamente interoperables si la información circula entre ellos sin que el significado original y el contexto se vea alterado y cada uno de ellos entiende por sí mismo lo que el otro le envía y puede actuar en consecuencia de manera automática.
La interoperabilidad semántica es la que permitiría, por ejemplo, que la información dispersa de un paciente, generada en muchas fuentes distintas, en distintos lugares, sistemas y momentos, pueda ser compartida y esté a disposición de los profesionales allí donde la necesiten o pueda ser utilizada fácilmente en usos secundarios como la investigación o la estadística. Para lograrla, un primer escalón son las terminologías (SNOMED-CT, CIE, LOIN, …) que proporcionan el vocabulario normalizado en el que sustentar la información compartida, pero no es suficiente, pues la información clínica consiste en mucho más que en palabras sueltas. Utilizando un símil gramatical, utilizar únicamente terminologías es como si un idioma proporcionase únicamente un vocabulario, pero no la manera correcta de conectar los términos para construir frases (sintaxis) ni cómo unir las frases para expresar conceptos complejos (gramática).
Es necesario poder intercambiar el contexto en el que se ha generado la información (quién, cuándo, con qué fin, sobre quién, el grado de fiabilidad, etc.) así como poder formalizar lo que se debe recoger para cada concepto manejado para que éste tenga sentido (qué debe contener un resumen de historia, un informe de alta, el índice de Barthel, etc.). Este paradigma se implementa con una estrategia de doble modelo para separar el conocimiento (conceptos de salud que son válidos para todas las instancias y que pueden evolucionar con el tiempo) y la información (instancias específicas e inmutables de los conceptos de salud), haciendo que la extensión del modelo de conceptos sea flexible e independiente del software. Por lo tanto, al contar con modelos de información definidos formalmente y vinculados a terminologías estándar para una representación semántica completa, el significado de los datos puede interpretarse sin un acuerdo previo, logrando así la interoperabilidad y la reutilización de datos sin pérdida de significado ni de contexto. Hay normas que implementan esta estrategia, como los modelos clínicos detallados (DCM), los arquetipos de UNE-EN ISO 13606:2 o de OpenEHR, los recursos y el mecanismo de templates definidos por HL7 FHIR, o los elementos que propone OMOP.
Mientras, resumiendo mucho, podría decirse que la interoperabilidad organizativa se sustenta en las reglas de negocio. Para que dos organizaciones puedan cooperar deben compartir un contexto común en sus procedimientos y flujos de trabajo. Difícilmente podrán interoperar, por ejemplo, si las definiciones de proceso, plan asistencial u orden de asistencia son diferentes o incompatibles. Actualmente, las definiciones de algunos de estos conceptos vienen impuestas por los sistemas de información que se utilizan en las diferentes organizaciones y que los proveedores han incluido en sus desarrollos sin formalizarlos previamente. Otros conceptos son establecidos por las políticas de salud desarrolladas por las diferentes administraciones de las que dependen las organizaciones (de ahí el concepto que se está forjando de interoperabilidad legal o ética).
En este campo queda mucho por hacer, aunque se están comenzando a dar los primeros pasos, al menos en el entorno de la normalización, pues existen trabajos como la norma EN 12967 HISA (Health Informatics - Service Architecture) que en su parte primera trata el punto de vista de la empresa, y principalmente la norma UNE-EN ISO 13940 (sistema de conceptos para dar soporte a la continuidad de la asistencia). Utilizando, por ejemplo, el sistema de conceptos proporcionado por la norma 13940 a todos los niveles, desde el establecimiento de las políticas sanitarias a los desarrollos de productos por parte de la industria, pasando por los flujos de trabajo y los servicios de las organizaciones, se conseguiría compartir un contexto común que facilitaría en gran medida la interoperabilidad.
Para terminar, la interoperabilidad legal o ética debe asegurar que el intercambio de información cumple con los requisitos de privacidad, consentimiento informado y normativa de protección de datos. Actualmente, este tipo de interoperabilidad está definido y regido por la legislación establecida por las entidades políticas a las que pertenece el territorio en que se desarrolla la comunicación, por ejemplo, el Reglamento General de Protección de Datos europeo (GDPR), el Espacio Europeo de Datos Sanitarios (EEDS), etc.







