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Cerdo o pollo no, pero salchicha o hamburguesa sí: la UE redefine las denominaciones en la industria plant-based

Cerdo o pollo no, pero salchicha o hamburguesa sí: la UE redefine las denominaciones en la industria plant-based

Algo más de cinco años después de que el Parlamento Europeo votase en contra de aprobar las enmiendas 165, que proponía impedir el uso de las denominaciones habituales de la carne y los elaborados cárnicos para la venta de alternativas vegetales a estos productos, las instituciones europeas le dan la vuelta a la tortilla y están a unos días de concretar un nuevo marco normativo de denominaciones para el segmento de alternativas plant-based. Todo indica que esta misma semana quedarán resueltos los detalles técnicos de este nuevo texto propuesto en conjunto por el Parlamento Europeo, el Consejo y la Comisión, tras lo cual se someterá al escrutinio del Consejo de Agricultura y Pesca y a una votación final en el pleno del Parlamento Europeo.

Este texto propone, por un lado, la prohibición del uso de 31 denominaciones tradicionalmente empleadas por la industria cárnica y relacionadas principalmente con especies animales o cortes de carne ligados a estas especies. Entre los términos que ahora se restringen para su uso en la industria plant-based encontramos: cerdo, pollo, ternera, pavo, pato, pechuga, costillas, solomillo o lomo.

Sin embargo, en una decisión que parece querer mantener un cierto tono salomónico, la Unión mantendrá el uso de determinadas denominaciones vinculadas principalmente a los formatos de consumo más habituales, que si bien surgieron y se popularizaron a partir de la industria cárnica, también podrán ser usadas por la industria de análogos vegetales. Aquí encontramos ocho nombres: hamburguesa, nugget, salchicha, picada, chorizo, jamón, pastrami y chuleta.

La lógica imperante en esta decisión parece ser la de diferenciar orígenes animales y formatos de consumo, si bien todavía existe cierta confusión en torno a las denominaciones prohibidas y aceptadas, ya que el listado inicial se ha emitido en lengua inglesa y podría experimentar modificaciones en sus traducciones a las distintas lenguas comunitarias e incluso en relación a los usos tradicionales en cada país. En cualquier caso, está previsto que las empresas plant-based dispongan de un plazo de 3 años para adaptarse a la nueva normativa.

Además, en esta ocasión se ha ido un poco más lejos, extendiendo la prohibición a la inédita industria de la carne cultivada, que si bien ni siquiera cuenta con una regulación establecida para su producción y comercialización en el territorio europeo, tampoco podría usar esos 31 nombres cárnicos en caso de llegar a estar disponible en algún momento.

Desde la patronal cárnica nacional, Anice, se muestra satisfacción por este avance, pero a la vez se estima insuficiente y se adelanta que seguirán reclamando la prohibición de los ocho términos aceptados actualmente. Por su parte, desde la Asociación Española de Productores de Alimentos y Bebidas Vegetales (Vegetales), se argumenta que "si bien creemos que nos dirigimos a un consumidor maduro e informado, que sabe perfectamente lo que compra, nos sentimos cómodos con esta distinción entre origen del producto y formatos en los que se comercializan productos de distintos orígenes".



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