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La industria conservera busca nuevas oportunidades en medio de la crisis

La industria conservera busca nuevas oportunidades en medio de la crisis

Si la pandemia representó para el sector de las conservas y semiconservas de pescado y marisco una oportunidad para mostrar músculo y demostrar su capacidad para superar cualquier desafío productivo, 2021 ha puesto a prueba su resiliencia, con incrementos de costes que han afectado a todas sus partidas y todo tipo de contratiempos en su cadena de suministro, bien estructurales o de mercado, bien coyunturales, como la reciente huelga de transportes, todo ello unido a una contundente bajada en el consumo interno y un descenso también en exportación con respecto a un atípico 2020, aunque esta partida se mantiene como la de principal aporte del sector, con más del 60% de sus ingresos.

Tal y como se explica de forma pormenorizada en el Informe 2022 del sector de conservas y semiconservas de pescado y marisco en España, publicado por Alimarket, este conjunto de circunstancias se evidenció en todos los parámetros, siendo el más representativo el de la producción, que cayó un 8%, según datos de Anfaco Cecopesca, hasta los niveles más bajos de la última década (330.429 t); en valor, el retroceso fue menos acusado (-5,9%), tras el traslado a sus clientes (industriales, de distribución u hostelería) de una parte del aumento de costes sufrido.

El consumo en los niveles más bajos de la década

Como ya se apuntaba, especialmente significativo fue el descenso del consumo interno de conservas durante 2021. Cierto es que, en los últimos años, la evolución del mercado había sido más bien plana y que, durante 2020, el efecto acopio impactó en la dinámica habitual de consumo, empujándolo al alza, pero la bajada registrada durante el pasado curso fue ciertamente significativa. Según datos de IRI, se redujo casi un 6% en volumen y en un 5,4% en valor, con un descenso prácticamente generalizado a todas las categorías. Apenas algunas referencias muy vinculadas al aperitivo (el gran vencedor de la crisis) como las almejas o las anchoas resistieron, mientras que los berberechos lograron retener una buena parte de la explosión que vivieron en 2020. De forma paralela, además, mientras que las marcas superaron mejor la pandemia, con el retroceso de ésta y una crisis económica en ciernes, es la MDD la que más protagonismo está consiguiendo dentro del sector conservero, lo que está empujando a muchas empresas a volver a apostar por ella, aunque en muchas ocasiones, desplegando una especie de estrategia dual, en la que también se potencian las referencias de marcas propia, principalmente, con un perfil prémium.

Y es que, a pesar de la inestabilidad generalizada, la industria conservera tiene clara la necesidad de dotar de valor su categoría. Abandonar definitivamente la idea de conserva como producto refugio o commoditie es uno de los objetivos más ambiciosos del sector, que ha empezado a trabajar con productos de mayor calidad o a la desarrollar recetas más sofisticadas para captar la atención de los consumidores. Y hablando de innovación no se puede obviar la entrada en el mercado de las alternativas vegetales al atún, un nicho en crecimiento, al que llegan a cuentagotas las novedades, principalmente, de la mano de starts ups. Calvo es, por el momento, la única conservera que ha probado en este segmento, aunque su proyecto se está desarrollando en Brasil (y para el mercado brasileño) y se encuentra en una fase muy incipiente.

Millonarias inversiones para abordar la transformación industrial

El contexto actual requiere de soluciones inmediatas y de envergadura, principalmente para reducir costes de producción y ganas así en eficiencia. Esto ha revitalizado la transformación industrial del sector conservero, que tiene en marcha proyectos por un valor superior a los 200 M€ para el traslado a nuevas plantas de producción más eficientes o la incorporación de nueva maquinaria, así como para ganar en sostenibilidad, otra de las grandes tendencias transversales del sector e impulsora también de algunos de los desembolsos más destacados, tanto para la incorporación de placas solares u otras fuentes alternativas de energía o la mejora de algunos procesos, como para el desarrollo de infraestructuras globales diseñadas con esta máxima. Es el caso de la biofábrica de 160 M€ que prepara Jealsa y que verá la luz a mediados de esta década.



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